España obtuvo hoy un puesto entre los cuatro mejores del Mundial por primera vez en 60 años al vencer 1-0 a Paraguay, tras un partido resuelto gracias a la inspiración goleadora de David Villa y las manos milagrosas de Iker Casillas.

El campeón de Europa pasó los cuartos de final, fatídica barrera en su historia, pero sudó lo que pocos imaginaban. Y es que delante estuvo una Paraguay valiente, que dignificó todavía más su gran torneo. En Brasil 1950 la furia roja terminó en la cuarta posición.

España encontró el partido que menos esperaba. Si había trabajado la forma de desbordar a un rival pegado a su área, pronto vio que ese empeño había sido estéril: Paraguay salió al ataque desde el principio.

Se fue arriba a presionar, con su defensa cerca del centro del campo, y España no supo leer esa propuesta durante muchos minutos. Tantos, que se le fue la primera parte con un solo disparo, por encima del arco rival.

En cambio, Paraguay creó tres llegadas. La primera al primer minuto, con un disparo de Santana que atajó Casillas. Y en 10 minutos, otros dos lanzamientos más. España despejaba balones, lejos de su estilo.

Al cuadro hispano le faltaron dos cosas: paciencia para tocar e inspiración individual. Además, hombres como Andrés Iniesta, Xavi Hernández o Fernando Torres actuaron muy por debajo de su nivel.

Paraguay se fue al descanso fortalecido por su valiente y eficaz propuesta. Hasta encontró derecho a protestar un gol anulado a Nelson Valdez a los 40 minutos por un fuera de juego muy apretado.

España se retiró al descanso con muchas cosas en qué pensar, con el mismo rostro del matemático que perdió su inspiración para resolver la ecuación.

No cambiaron mucho las cosas al inicio de la segunda mitad y la reacción de Del Bosque fue la de quitar a Torres –desafortunado otra vez– para situar a Cesc Fábregas. El seleccionador español entendía que necesitaba balón, circularlo bien, abrir el campo. Por eso pasó a jugar con David Villa como único punta.

Lo que ocurrió entre los minutos 57 y 59 fue emotivo. Primero, Gerard Piqué hizo un penal infantil sobre Óscar Car- dozo y Paraguay tuvo la gran ocasión que estaba esperando. Lanzó el propio Cardozo y Casillas logró rechazar. Acto seguido, España montó el contraataque y Villa cayó derribado en el área chica.

No tiró Villa la pena máxima –después de errar tres penales seguidos–, y Xabi Alonso quedó designado. Lanzó y marcó. Aunque el árbitro Carlos Batres ordenó repetir. Y Alonso ahora se equivocó, con rechace afortunado de Justo Villar. La acción siguió y el arquero paraguayo derribó a Fábregas, quien se disponía a fusilar. Pero al árbitro guatemalteco debió parecerle improcedente señalar tres penales en dos minutos.

Tras este frenesí, el partido recobró algo de pausa. Paraguay se replegó, mientras España incrementó su arsenal al sacar a Alonso y meter a Pedro. Pero su gran carencia seguía siendo la imposibilidad de encontrar sitio para el liderazgo de Xavi.

Sin embargo, siempre le queda Villa. A siete minutos del final, Iniesta rompió por el centro y cedió a Pedro, cuyo remate se estrelló en un palo. Pero ahí estaba Villa, quien no perdonó y marcó su quinto tanto en este Mundial, con lo que trepó solitario al liderato de goleo.

Quedó otra agonía para España, cuando a tres minutos del final Casillas realizó dos espléndidas intervenciones a sendos disparos de Barrios y Santa Cruz. El arquero español reivindicó su categoría y el campeón europeo ganó su derecho a seguir peleando por el trono mundial con agonía y gracias sobre todo a Villa y Casillas.