Desde el inicio de la corrida denotó que traía ese duende el torero de La Puebla del Río, los cadenciosos lances, el temple en la ejecución y el mando en el recorrido, son atributos que de inmediato calan hondo en la gente y José Antonio así lo dejó impreso en el ruedo.

Al tener frente a él un toro parado y soso, no hizo lo que acostumbra: matarlo y cortar por lo sano, sino que lo llevó por alto, con muletazos de mano baja por el lado derecho con intermitencia pero que le valieron los jaleos del público, mismo que aplaudió el que abreviara la faena y matara de pinchazo y entera fulminante para sellar su primera actuación de la tarde.

Con el segundo de su lote, un toro bobalicón y manso, inició tomado del estribo de las tablas y a una mano para seguir por chicuelinas y verónicas que le fueron muy coreadas, permitió que su banderillero Fernando García hijo saludará en el tercio tras colocar los pares con mucha exposición y se dispuso a torear con la muleta.

Pases por alto combinados con el derechazo, uno de trinchera, otro por bajo y la plaza rendida a su labor. Los naturales en un palmo de terreno y repitió la dosis en varias ocasiones con una muñeca privilegiada, llena de temple, mando y recorrido que conectó de inmediato con los espectadores. Culminó su quehacer con un estoconazo que hizo rodar sin puntilla a su enemigo y le fue otorgado un apéndice con petición del segundo que el juez no concedió.

Por su parte, Joselito Adame enfrentó un burel noble con calidad al que recibió con dos largas cambiadas, cerrado en tablas y de rodillas siguió a la verónica y llevó al toro ante el caballo para luego de un gran puyazo de césar Morales, hacer un quite por saltilleras combinadas con gaoneras que le jalearon con fuerza.

Las series en la faena de muleta fueron por ambos lados, con temple, mando y recorrido en las que intercaló algunos desplantes, y remató con la suerte suprema recibiendo para cosechar una oreja.

En su segundo, el diestro hidrocálido estuvo en el mismo tenor, sin embargo, a la hora de oficiar con el acero, estuvo errático y escuchó fuerte ovación al término de su actuación.

Ernesto Javier ‘Calita’ corrió con mala suerte en el sorteo, a su primero, un toro soso, débil, parado y sin trasmisión y lo despachó de un pinchazo, una estocada atravesada y un golpe de descabello para escuchar breves palmas.