El tedio términó luego de un poco más de una hora de un partido tenso, ríspido, de escasas emociones. Fue al minuto 63 cuando el Volcán hizo erupción, de la mano de uno de los contados cambios de ritmo que hubo en el compromiso, realizado por Damián Álvarez, veterano extremo que le ganó la partida a un novato como Ventura Alvarado, quien suplió a Paul Aguilar, separado del plantel azulcrema por indisciplina. Gracias a un desborde del volante nacionalizado mexicano, Tigres tomó ventaja del América tras imponerse 1-0 ante su afición, resultado que lo pone a 90 minutos de su cuarto título.

El de anoche había sido un choque de mucha estrategia, precaución y escaso futbol. Apenas un par de disparos por parte de Tigres, del mismo Damián, y otro de Joffre Guerrón, por un intento de Luis Ángel Mendoza, quien desperdició un disparo frente al arquero, había sido lo único que contar de la primera etapa, misma que se agotó ante la desilusión y tensión de la afición que esperaba más de los dos finalistas.

Por eso pasados los 60 minutos, cuando Damián Álvarez recibió un cambio de juego de José Francisco Torres, y decidió cambiar el ritmo, siempre con la pelota pegada a su botín, superando al juvenil Ventura Alvarado, para finalmente mandar una pelota exacta al centro del área para que Joffre Guerrón se elevara y girara el cuello con precisión para conectar el balón y superar a Moisés Muñoz, los 11 futbolistas de Tigres y sus miles de aficionados en las gradas por fin pudieron sacar el estrés que cargaban en sus espaldas.

Apenas chocó la pelota con las redes, el plantel felino se dividió para felicitar a Álvarez y a Guerrón, mientras que en el área técnica Ricardo Ferretti esbozaba una sonrisa, quizá pensando que su apuesta, que muchos criticaron, por optar a jugar sin un centro delantero y echar mano de puros volantes, le estaba permitiendo dar un paso firme hacia su cuarto título como estratega.

La acción de Damián y el remate de Guerrón también provocaron que en las gradas se cambiaran los rostros llenos de tensión por sonrisas, puños apretados en lo alto y hasta lágrimas, esas que brotaron de una de las aficiones más pasionales y fieles de México.

Tras verse en desventaja, Antonio Mohamed decidió rectificar su apuesta defensiva que había implementado unos minutos antes retirando de la cancha a Osvaldo Martinez y dándole juego a Chepe Guerrero, para lanzar al césped a Rubens Sambueza y a Michael Arroyo, par de volantes que fueron incapaces de superar a un ordenado equipo local, aferrado a aprovechar la ventaja que consiguieron gracias a Álvarez y Joffre.

Al final, cuando el silbatazo de Roberto García Orozco decretó la conclusión del partido de ida en Monterrey, Damián y Guerrón se dirigieron al vestuario esbozando ligeras sonrisas, al mismo tiempo de que eran buscados por sus compañeros para repartirles abrazos, conscientes que de su talento se gestó una ventaja que puede ser definitiva para que Tigres alcance el cuarto título de su historia. (Con información de Carlos Herrera Lizalde)