Guillermo Vázquez apareció en su área técnica segundos antes del primer cuarto de hora de la final con el rostro duro, molesto por estar ya abajo en el marcador tras una decisión errónea del silbante que decretó un penal de Javier Cortés sobre Rafael Sobis, en una jugada en la que nunca hubo infracción. Pero el técnico de Pumas jamás acompañó su malestar con alguna decisión que hiciera que su equipo fuera menos defensivo, precavido e impreciso.

Víctimas de un error arbitral, y de un planteamiento nada ambicioso de su entrenador mismo que ya les había provocado un susto en semifinales , los jugadores del club de la UNAM salieron del Volcán con una derrota (3-0) ante Tigres, marcador que parece muy complicado de revertir el domingo en CU.

Tras un inicio con los regios lanzados al ataque, y con Pumas metido en su cancha, el camino hacia la victoria para Tigres se abrió en una acción polémica en el minuto 12. Justo en ese instante apareció Rafael Sobis en el área, con Javier Cortés cubriéndolo, pero sin cometer falta, situación que no vio de la misma manera José Alfredo Peñaloza, silbante que decretó pena máxima cuando el delantero se dejó caer.

Dos minutos después, Andre-Pierre Gignac abrió el marcador y Guillermo Vázquez comenzó a lucir molesto e incómodo en su banca, pero no decidió cambiar su estrategia y se mantuvo esperando a su rival, que al 28 aumentó la ventaja luego de un zapatazo de Javier Aquino, quien desde el pico derecho del área mandó la pelota a segundo poste. Tampoco así hubo respuesta del cuerpo técnico de Pumas, que únicamente evidenciaba su molestia, sumido en su banca, en silencio.

Para el segundo tiempo las cosas no fueron distintas: los de la UNAM carecieron de ambición para salir en busca del gol que los regresara a la pelea, lo que aprovechó Tigres, que al 59, tras una jugada en la que no pudo despejar de buena manera Gerardo Alcoba, Gignac mandó un potente disparo que Pikolín Palacios atajó, aunque dejó el rebote a Rafael Sobis, quien sólo empujó la pelota a las redes y decretó la goleada.

Ya con una abultada desventaja, Memo Vázquez modificó, dándole ingreso a Daniel Ludueña, y más tarde a Dante López, aunque sus pupilos lucieron inoperantes, imprecisos y carentes de respuesta a un cambio de estrategia que pareció llegar demasiado tarde.

Apenas llegó el silbatazo final, el técnico de Pumas abandonó la cancha apresurado, en silencio y molesto, quizá pensando en que si pretende lograr el milagro de darle la vuelta a Tigres, mejor defensiva de la temporada, deberá ingeniar una estrategia totalmente distinta que les permita hacer al menos tres anotaciones para llevar la serie a tiempo extra.