El boxeo es el único deporte donde no se utiliza el verbo jugar. Se juega futbol, tenis, golf, pero el boxeo no. Así lo explica la estadounidense Joyce Carol Oates, que no es la única escritora que le ha puesto líneas a las historias del pugilismo. ¿Qué hace que este deporte pueda provocar libros y ligarse con la literatura?

Alberto Salcedo Ramos, cronista y periodista de Barranquilla, Colombia, dice que los atletas en el boxeo tienen conflictos más intensos que en otros deportes, porque “en los deportes de conjunto la derrota se puede compartir y cuando el boxeador pierde, se queda solo. Los conflictos del boxeo le permiten al escritor conocer la condición humana. Ringo Bonavena, el boxeador argentino, dijo una frase que me encanta: ‘Cuando suena la campana te quedas solo, ni el banquito te dejan’”.

Es el turno del boxeo en los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Diego Moreno tiene puestos los guantes, sube al ring del salón Jumbo del Country Club en Barranquilla. Lleva en el cuerpo 27 años de edad y entrenamientos de entre seis y siete horas al día. En la categoría Medio Masculino (75 kg) mostrará toda su inversión, económica, física, de atención entre sus estudios y el deporte.

Diego dejó su lugar de origen en La Paz, Baja California Sur, a los 22 años de edad para mudarse a la Ciudad de México. Conocía, desde entonces, cómo se divide el tiempo entre los estudios y el deporte. Se tituló como licenciado en Educación en la Universidad del Desarrollo Profesional y cerró ciclo con su primer coach.

“Fernando Talamantes me entrenó hasta que me vine a la Ciudad de México, después Ignacio Beristain me ayudó a alcanzar el nivel que tengo, y ahora trabajo con Francisco Bonilla en el Comité Olímpico Mexicano”.

Diego Moreno tiene una historia en el pugilismo para contar. Así como Alberto Salcedo Ramos cuenta en su libro "El oro y la oscuridad" sobre la vida del ex boxeador colombiano de los años 70, Antonio Cervantes 'Kid Pambelé':

“Salió de Colombia, como un boxeador del montón y en Venezuela lo hicieron una máquina de tirar golpes. García Márquez fue el Pambelé de la literatura y Pambelé fue el García Márquez del boxeo. Pambelé forzó a los colombianos a celebrar victorias de verdad. Desde el 28 de octubre de 1972, cuando ganó el título, Colombia permanecía en trance de adoración. Los periódicos no le perdían ni pie ni pisada”.

—¿Desde donde se explica el mismo Diego Moreno para mantenerse en pie en este deporte?

Sé que el boxeo, como lo dicen algunas personas, es el deporte de los pobres, pero para México siempre está dentro los primeros lugares y se ganan medallas. En la inversión que toma este deporte, no tengo una cantidad exacta porque recibo apoyo de muchas personas, siempre lo he necesitado. Así sea con una palmada en la espalda, con 100 pesos para comprarme vitaminas. Al mes supongo que entre indumentaria y suplementos, se necesitan entre 2,000 y 7,000 pesos; por ejemplo, cada nueve meses tengo que comprarme tenis.

—¿Qué importancia tiene para un boxeador tener otra actividad?

Mi consejo es que los estudios nunca se dejen. Estudio una Maestría en Educación y Coaching Educativo, estoy a un semestre de graduarme. Lamentablemente, la vida en el boxeo es muy corta y los golpes son acumulativos. Tengo un colchón en los estudios, donde me puedo apoyar por si me va mal en el deporte.

Todo se puede hacer en esta vida, así perdamos o reprobemos, tenemos la oportunidad de reponernos. No los veo como errores sino como tropiezos.

—¿Desarrollarse en el boxeo en México es una cuestión de suerte?

Estás donde tienes que estar, porque trabajaste, te lo mereces. No creo en la suerte.

El nuevo gobierno que dirija al país en el siguiente sexenio debe creer en nosotros, en el talento mexicano, apoyarnos en fogueo, material, indumentaria. La crítica más abierta que puedo decir es que el personal que dirige el deporte en México pone limitantes. Las personas de corbata frenan el desarrollo por diferencias políticas y eso nos afecta a nosotros. Si trabajáramos en equipo, y estuviéramos abiertos a nuevas sugerencias, se reflejaría en crecimiento.

Diego Moreno tiene en dos boxeadores a sus personajes principales de su historia. Se identifica con Julio César Chávez: “Tengo sus habilidades técnicas, físicas y tácticas. Nunca he tenido la oportunidad de hablar con él”, y admira a Manny Pacquiao “por todo lo que ha sufrido en su vida al iniciar desde lo más bajo. Ahora, tiene los pies en la tierra y comparte sus frutos”.

En su carácter cordial, serio y enfocado en sus palabras, platicó sobre su propia historia.

marisol.rojas@eleconomista.mx