El torneo de los Juegos Centroamericanos y del Caribe (JCC) no es avalado por la FIFA. Es de menor prestigio si se compara con el de Esperanzas de Toulon y los mundiales juveniles y los equipos no pueden llevar a sus mejores jugadores Sub-21 porque algunos clubes se negaron a prestarlos. Sin embargo, en las entrañas de la Selección Mexicana se empeñan en defenderlo.

“Es un torneo importante porque nos permite cuidar el prestigio que se ha ganado México en certámenes con límite de edad, enfrentar a los rivales del área con los que nos eliminaremos en el torneo panamericano y olímpico y porque tendremos la oportunidad de volver a jugar contra Venezuela, que nos ganó en el Mundial Sub-20 pasado”, sostiene Marco Antonio Ruiz, entrenador del equipo.

Raúl Gutiérrez —seleccionador en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Veracruz 2014— sostiene que, cuando los clubes no prestan a los jugadores que originalmente tenían contemplados, obligan al entrenador a convocar a nuevos elementos que aumentan la competitividad del plantel.

Eso provoca que si los elementos titulares no asisten a los Juegos Centroamericanos, ponen en riesgo su puesto en un torneo de mayor relevancia como el de los Juegos Panamericanos y Olímpicos.

“Si van a los Juegos Olímpicos y tienen una buena actuación, sus probabilidades aumentan para que se establezcan en su club e incluso emigren al extranjero. Es una de las mejores vitrinas a nivel mundial”, añade Gutiérrez.

Pero sólo algunos cuantos tienen ese privilegio.

De los 20 futbolistas que integraron la plantilla para los Juegos de Veracruz 2014, sólo Carlos Salcedo (Eintracht Frankfurt) y Antonio Briseño (Feirense) emigraron al futbol europeo, mientras que Carlos Guzmán (Morelia) y Gibran Lajúd (Tijuana) fueron los únicos que lograron ser titulares el semestre pasado en sus clubes en la Liga MX.

El resto de aquella plantilla ha sufrido para encontrar regularidad.

Siete de ellos se encuentran repartidos en la Primera División mexicana, pero son suplentes; cinco juegan en la Liga de Ascenso, dos en Segunda División y en el caso de Marco Bueno y Uvaldo Luna emigraron al Everton chileno y al Once Caldas colombiano, luego de que no pudieran establecerse en el futbol mexicano.

“Como entrenador buscamos pulir a los jugadores, que mejoren por el bien de la Selección y de ellos mismos. Hay casos como el de Raúl López y Hedgardo Marín, quienes jugaron y se coronaron en los Centroamericanos, que regresaron a Chivas y jugaron bastantes minutos”, sostiene Gutiérrez.

Ruiz enfrentará el torneo en Barranquilla con un plantel en el que 10 de sus 20 jugadores ya debutaron en la Primera División. Pero sólo Carlos Vargas (América) y Adrián Villalobos (Leones Negros) fueron titulares el torneo anterior con sus respectivos clubes.

Ruiz añade que el torneo es una buena prueba para el seleccionado porque prácticamente jugarán cada dos días.

“Será un certamen exigente, muy diferente al de Esperanzas de Toulon, en el que teníamos más descanso entre cada uno de los partidos”.

El Tri arrancará su participación el sábado ante Venezuela con la certeza de que el torneo de los Juegos Centroamericanos y del Caribe es una buena vitrina para el prestigio de la Selección, pero con la incógnita de si es tan buena para los futbolistas.