La tanda fue en redondo y rematada con un cambiado por delante que puso a la gente de pie; el regreso del torero español a la Plaza México, que lo adoptó como consentido hace más de dos décadas, no podía ser de otra manera.

Enrique Ponce enfrentó a Libertador de Teófilo Gómez, un toro que se empeñaba en salir suelto de la suerte y al que el diestro de Chiva logró llevar embebido en el engaño hasta lograr tandas de pases templados, excelsos y sentidos y así tener un reencuentro de ensueño con su gente.

A esta cátedra de poder, le siguió una tanda de poncinas, pases que estrenara en este coso hace algunos años, preámbulo de algunos adornos y una estocada en todo lo alto que fue suficiente para que el público exigiera los dos apéndices, que le fueron concedidos, y que paseó entre el regocijo popular.

En el quinto de la tarde, un toro difícil y peligroso, mostró voluntad y abrevió para ser ovacionado al término de su actuación.

Por su parte, Juan Pablo Sánchez estuvo por encima de su lote. Su primero, un burel que parecía estar lastimado de los cuartos traseros y por tanto no embestía con claridad, poco le permitió y escuchó breves palmas luego de mandarlo al destazadero; en el sexto de la tarde, un astado que se fue a más con base a la paciencia con la que lo toreó, dio un recital de temple, lentitud y aguante, pero no estuvo certero con la espada y se tuvo que conformar con palmas tras un aviso.

No conforme, el aguascalentense regaló un octavo ejemplar con el que volvió a realizar un toreo lento, profundo y templado, base de una gran faena que coronó con un estoconazo que hizo rodar sin puntilla a su enemigo para conseguir, luego de la petición mayoritaria, un apéndice.

En cuanto a Juan Pablo Llaguno, confirmó con el toro Pirulero, número 87 y con 485 kilos de peso. Lo recibió a la verónica y le realizó un quite por chicuelinas para luego estructurar una faena por ambos lados en los que brilló por momentos su técnica y temple, pero pinchó antes de varios golpes de descabello y fue llamado a saludar en el tercio, luego de escuchar un bocinazo de la autoridad.

En el séptimo de la tarde, estuvo tesonero hasta lograr buenas tandas, cerró con una serie de manoletinas y terminó de un estoconazo para volver a ser llamado en el tercio luego de leve petición de oreja.

Actuó por delante el rejoneador Emiliano Gamero, quien colocó rejones de castigo con gran técnica, hizo piruetas, caravanas de sus monturas y puso banderillas con sobrado conocimiento; sin embargo, mató en el segundo intento y saludó en el tercio con fuerza.