Fue un originario de Catalunya, una región que ha buscado desde siempre su independencia total de España, quien le dio el pase a la Roja a su primera final de Copa del Mundo. Así es esto de las casualidades. Se llama Carles Puyol.

Un cabezazo certificó su pase al último juego de Sudáfrica y con ello, la posibilidad de conseguir el primer título universal.

En los foros de Internet y las redes sociales, los catalanes encumbran como un símbolo de los valores el ser de Catalunya. Honor, entrega, talento y disposición es así como la misma autonomía lo define.

Incluso, es el capitán de la Selección de Catalunya con la que ha disputado cuatro partidos y donde debutó en el 2001, un año antes lo hizo con La Roja.

Pero quizás su perseverancia es lo que más frutos le ha dado. Sin problema acepta que es el futbolista más limitado del FC Barcelona y de la Selección Española. Pero su empuje ha sido determinante para que su equipo esté en la final. Es en pocas palabras el pulmón y en ocasiones hasta el corazón de ambos equipos, del azulgrana y de la Furia Roja. Es la dotación de heroísmo que toda Selección necesita.

Su paso por el extremo derecho en sus inicios del FC Barcelona lo dotó de la velocidad necesaria para restar sus deficiencias en la marca. Su insistencia ha permitido que cualquier delantero del mundo claudique ante su presión, su marca y su respiración.

Poco a poco se fue movimiento de posición. Inició como delantero, luego con Louis Van Gaal pasó a lateral, pero Frank Rijkaard lo reubicó como central, pese a las críticas por su limitada técnica, y es justo ahí donde ha llegado a lo más alto con el Barcelona y con la Selección.

Con Guardiola ganó la capitanía y empezó a ejercer de líder absoluto en el vestuario y un grito de Puyol en el campo es una orden que se debe de obedecer. Ni Messi ni Xavi o Iniesta le replican.

Hoy, el corazón de león de España dio un golpe de autoridad, cuando la clase parece no ser suficiente, un poco de valentía es capaz de catapultar cualquier ilusión.