Apenas silbó Marco Antonio Rodríguez, Alejandro Irarragorri, presidente de Santos, levantó los brazos, al mismo tiempo que toda la Comarca estallaba, incrédula del milagro que acababan de presenciar.

Y es que cuatro minutos antes, los mismos que le quedaban al partido, Tigres ganaba por dos goles y se sentía en la final, mientras que la afición de Torreón lucía ya resignada. Pero no, de una forma épica y de la mano de su goleador, Oribe Peralta, Santos igualó 2-2 (3-3 global) y mandó de vacaciones al campeón, ése que ya saboreaba una segunda final de manera consecutiva.

La Comarca lloró de felicidad y se medirá por el título de Liga ante Monterrey. Ambos se verán las caras luego de que hace unas semanas definieron el título de la Concachampions. Santos, además de que buscará ganar un torneo local, ha calificado a tres de las últimas cuatro finales y todas las ha perdido, ahora va por su cuarta final en cinco liguillas con el sueño de levantar la corona.

Los brincos del Presidente santista se quedaron cortos porque su equipo caía al 86 por dos anotaciones, luego de dos soberbios tantos de Héctor Mancilla, chileno que al 26 ya parecía tener resuelto el pase a la serie por la corona.

Pero no, porque cuando parecía que los de Nuevo León le pondrían la cereza al pastel, Lucas Lobos se comió un gol del tamaño de Torreón al reventar el poste, a dos pasos de la línea de gol, cuando sólo tenía que empujarla, rematar a los locales.

La diferencia de dos goles parecía suficiente razón para que al final nadie tuviera que señalar a Lobos como el villano de la película, para preocuparse por su seguridad de regreso a Monterrey, para sentir temor de que algún fanático quisiera cobrarle la factura por su yerro.

Justo cuando Ricardo Ferretti había mandado a descansar a Mancilla y se frotaba las manos con otra final, con defender su corona, vinieron los únicos dos despistes de su defensa, la mejor conexión entre Carlos Darwin Quintero y Oribe Peralta.

Corría el minuto 86 cuando Quintero mandó un centro al corazón del área, sitio en donde apareció sólo Peralta, para elevarse, girar el cuello y conectar con la cabeza el balón que ingresó pegado al palo. Apenas chocó el balón con las redes, El Tuca comenzó a hacer rabietas mientras Benjamín Galindo motivaba a los suyos en busca del milagro.

Anoche Santos tenía una cita con la final, porque en el último minuto del tiempo regular Darwin y Oribe volvieron a encontrarse en el área para que el segundo fusilara al arquero con un riflazo dentro del área, que hizo estallar al Corona, que provocó que el sentimiento de culpa de Lobos se engrandeciera, que Irarragorri comenzara a dar saltos, a mirar el cronómetro, mientras Ferretti y sus pupilos presagiaban lo peor.

Tres minutos después el Presidente de Santos ya estaba dando saltos en su palco, la afición dejaba escapar lágrimas, mientras los futbolistas del cuadro de Torreón se abrazan a unos pasos de sus rivales, que llenos de frustración miraban de reojo a Lucas Lobos, argentino que perdonó la vida al equipo de Benjamín Galindo que supo levantarse en la agonía del compromiso.

(Con información de Carlos Herrera Lizalde)