El número 1 que Willy Adames porta en la espalda con el uniforme de los Rays identifica también su personalidad: es el primero en sonreír, el primero en hacer sentir como en casa a los compañeros nuevos y el primero en chocar los brazos para festejar.

“Su carisma es lo primero que llama la atención”, relató Kevin Ibach, director de scouts profesionales de Tampa Bay, sobre el momento en que quedó impactado por el chico dominicano de, en ese entonces, 18 años. “Destaqué el hecho de que era el unificador de ese club”, cuando lo vio por primera vez con los West Michigan Whitecaps.

Así es como Willy Adames llegó a Rays en 2014 y así es como sigue siendo durante la Serie Mundial 2020. Un chico nacido en un “pueblo chiquito, pero bonito” (Jánico, República Dominicana) que en su infancia acumuló más trofeos de basquetbol que de beisbol, hasta que un día su padre lo vio encestando y le dijo: “elige uno de los dos (deportes). Si es el basquetbol, te quemo toda la ropa de beisbol”.

La disciplina de su padre le exigió terminar el bachillerato antes de enrolarse de lleno con las academias de beisbol. Tenía 14 años cuando llegó al pueblo de San José de las Matas (a 15 minutos de su localidad natal) para ser parte de un programa de desarrollo de beisbol. Un año después se fue a Santiago, la capital de su país, y fue firmado por los Tigres de Detroit.

Willy no es de personalidad férrea como su padre. Se define como un niño que disfruta su sueño de jugar Grandes Ligas y que quiere enseñar a la gente el ambiente que vive en los Rays: “La energía es lo que nos lleva a estar en competencia siempre. Todo el mundo está relajado, es una camada joven con hambre de ganar y, si nos están dando esa oportunidad, nosotros respondemos en el campo”.

El japonés Yoshitomo Tsutsugo cuenta que cuando llegó a Tampa Bay, Willy fue el primero en acercarse a él para “hacerme sentir bienvenido, fue un factor importante en mi integración”. Es algo que el dominicano vivió en carne propia cuando llegó a Estados Unidos con 18 años sin saber inglés. Aprendió viendo películas en Netflix y rodeándose siempre de jugadores nativos.

Adames llamó la atención durante el juego 1 de la Serie Mundial contra los Dodgers por abrazarse de forma efusiva con su rival Mookie Betts en segunda base, pero siempre ha sido un jugador de un carisma “contagioso”, como lo define su actual manager, Kevin Cash.

Para el propio Willy es justo el carisma lo que lo ha llevado hasta donde se encuentra hoy: “No considero que tengo un talento súper especial, soy como promedio en todo. Me llevó la disciplina, el trabajo y el carisma”, dice el chico que con su primer salario ayudó a terminar la construcción de la casa de su papá y le compró una guagua (combi) a su familia.

Sueña con tener una carrera de por lo menos 10 años en Grandes Ligas y ganar un MVP, pero ahora disfruta con todo lo que podría ser su primer título de Serie Mundial, con apenas dos temporadas jugando al máximo nivel. Prioriza el éxito del equipo sobre el personal: “No me importa si estoy bateando 0.10 si puedo ayudar con mi defensa y energía. No se gana un campeonato por un jugador, lo ganas como equipo”.

Total: 8, 300 millones de dólares

MLB creció su deuda

Los 30 clubes de las Grandes Ligas han acumulado una deuda sin precedentes de 8, 300 millones de dólares. Las pérdidas operativas se estiman de 2, 800 a 3, 000 millones de dólares este año, dijo el comisionado Rob Manfred a Sportico.

La deuda se acumuló para que los clubes pudieran financiar sus negocios durante esta temporada afectada por la pandemia sin fans en las gradas y sin ingresos por venta de productos en los estadios.

“Vamos a estar en niveles de deuda históricamente altos. Y será difícil para la industria sobrellevar otro año en el que no tengamos fans en estadios y tengamos otras limitaciones sobre cuánto no podemos jugar y cómo podemos jugar”, destacó Manfred.

La primera Serie Mundial en un sitio neutral terminará en el Globe Life Field, pero no cerrará los problemas que la MLB debe abordar antes de la temporada 2021, muchos de ellos dictados por el coronavirus. Manfred dijo que fue un milagro que el beisbol haya llegado a este punto.

“Los jugadores trabajaron duro y realmente se sacrificaron. La gente del club ha sido genial. Mi personal ha hecho un trabajo fenomenal. El sindicato (de jugadores) realmente ha ayudado. Cuando obtienes ese tipo de cooperación, realmente tienes que sentirte bien al respecto”.

La Serie Mundial ha contado con la asistencia de cerca de 11, 500 fans por juego, pero ese número no es suficiente para compensar las pérdidas de ingresos si se repite durante los juegos de la próxima temporada. Debido a los crecientes contagios en Estados Unidos  y Canadá, los estadios de beisbol en Nueva York y California seguirían cerrados para los fans en 2021 en apego a las normas estatales.

Sin certeza sobre ingresos o costos, algunos ejecutivos de clubes ya mencionan que es posible que no estén dispuestos a comprometer dólares con los jugadores, lo que hace que el inicio de los entrenamientos primaverales a mediados de febrero sea muy improbable.

“Las pérdidas económicas han sido devastadoras para la industria. Están viendo las ramificaciones de eso en términos de decisiones que los clubes están tomando con respecto a operaciones y empleados comerciales”.

fredi.figueroa@eleconomista.mx