Las mesas que antes estaban llenas de júbilo por un gol de Messi o un touchdown, hoy se quiebran en el vacío. Es el panorama actual de los restaurantes-bares deportivos de México, a 11 meses de vivir en pandemia.

Cierres, recortes de personal y aforos insuficientes “nos están matando”, describe Jorge Moeller Villar, presidente de la Cámara Nacional de Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (CANIRAC) en Nuevo León, en entrevista con El Economista.

Los restaurantes y restaurantes-bares deportivos en México tenían un ambiente particular: mesas llenas de aficionados, gritos y abrazos. Desde hace casi un año, esto es imposible debido a la pandemia, lo que ha reducido las visitas y, por tanto, los ingresos.

Los representantes de Nuevo León, Jalisco y de la Ciudad de México refieren a este medio que no hay una estimación exacta de las pérdidas de los restaurantes-bares deportivos debido a que no tienen un registro preciso de qué tipo de negocios tienen esta clasificación.

Citan, por ejemplo, que en un restaurante de carnes también puede haber una pantalla para ver un partido aunque el negocio no se defina a sí mismo como deportivo.

Sin embargo, los tres coinciden en que son “grandes pérdidas que han golpeado durísimo a este tipo de negocios” y que han reducido los ingresos por ticket de consumo de una mesa hasta en un 70%, además de propiciar despidos masivos y cierres definitivos, como en el caso de los bares deportivos, quienes están cerrados desde la declaratoria de pandemia en marzo.

Jalisco: mantenerse abiertos para no morir

En Jalisco, alrededor del 10% de los restaurantes-bares con giro deportivo han cerrado durante la pandemia (más de 50 establecimientos). Los negocios de este tipo representaban entre el 20 y 30% del total de restaurantes de dicha entidad, explica Aldo de Anda, presidente jalisciense de la CANIRAC.

“Sí hay pérdidas, incluso cierre de algunos lugares; al haber espectáculos deportivos a los cuales la gente no tiene capacidad de ingresar, lo que hace es recurrir a verlo en su casa”, menciona Aldo de Anda.

En la zona metropolitana de Guadalajara, la franquicia estadounidense Pockets (billares y alitas) se vio obligada a cerrar una de sus dos sucursales.

La principal estrategia de Jalisco para contener el golpe de la pandemia ha sido mantener a sus restaurantes abiertos desde marzo hasta la fecha, con un aforo permitido del 50%.

A pesar de eso, las restricciones de horarios han influenciado en los ingresos, ya que hubo un lapso en el que solo podían dar servicio hasta las 7:00 pm y tenían que cerrar los fines de semana, que es cuando hay más eventos deportivos.

A la fecha (febrero 2021), los restaurantes deportivos de Jalisco ya tienen permitido abrir los fines de semana y con un horario máximo de atención hasta las 10:00 pm; se mantienen con los protocolos sanitarios internacionales (cubrebocas, gel y tapete sanitizante), además de sugerir a los clientes un tiempo promedio de dos horas y media de permanencia.

La digitalización no ha sido una solución completa. De Anda menciona que los comensales se resisten al uso de menús digitales porque “quieren sentirlo en físico” y en especial en los negocios deportivos:

“Nos enfocamos en que la gente sí pueda asistir a nuestros restaurantes, de nada nos servía el hacer todo para que los servicios fueran llevados a través de plataformas porque la mayoría de restaurantes viven de las experiencias y no se digan los deportivos”.

Antes de la pandemia, los días con mayor actividad para los restaurantes deportivos en Jalisco eran los viernes y sábados, y los deportes predilectos eran el futbol (partidos de Chivas y Atlas, de la Liga MX), basquetbol, futbol americano (NFL) y beisbol, que ganó auge gracias al surgimiento de Charros en 2014.

Aldo de Anda destaca que Jalisco es líder nacional en cuanto restaurantes deportivos, ya que es el lugar de origen de negocios como Wings Army, Vancouver Wings y Cervecería Chapultepec, los cuales también se han visto afectados. En todo el estado, se han perdido entre 20 y 25,000 empleos de la industria restaurantera.

Nuevo León: una gran pasión en crisis

“Aquí en Monterrey, la mayoría de los restaurantes deportivos bajaron sus ventas entre un 20 y 30% durante el Super Bowl (7 de febrero pasado), pero en general, todos los restaurantes hemos tenido la misma pérdida: los ingresos han bajado entre el 80 y 90%”, informa Jorge Moeller.

Describe que en Nuevo León hay una alta predilección por ver diversos eventos deportivos de gran convocatoria como el Clásico Regio de futbol en casas particulares, en reuniones de amigos y preparando la tradicional carne asada.

No obstante, esa misma pasión de la población regia, indica el entrevistado, se reflejaba en finales de ligas como la NFL, NBA y MLB en restaurantes y sports bars: “Antes del covid eran exitazos” que juntaban hasta 300 comensales, pero con las restricciones actuales, solo se permiten aforos de 30% hasta las 11:00 pm y no hasta las 2:00 am, como era normalmente.

Al igual que Jalisco, los restaurantes en Nuevo León también se han mantenido abiertos durante la pandemia, llegando a un aforo máximo de 50%.

“Estamos viviendo un tiempo muy distinto. Antes buscabas, hablabas por teléfono, hacías reservaciones y preguntabas si iban a pasar los juegos. Con lo que estamos viviendo, por más que quieras traerte el mundial de mundiales (sic) y que haya muchas televisiones, con el 20 o 30% de aforo te estás quedando un 70 u 80% debajo de la posibilidad de adquirir flujo”.

Desde que empezó el confinamiento, los equipos regios han destacado en sus respectivas ligas: Fuerza Regia fue campeón de la Liga Nacional de Baloncesto Profesional (LNBP), Sultanes fue semifinalista de la Liga Mexicana del Pacífico (LMP, beisbol), Rayados ganó la Copa MX y Tigres llegó a la final del Mundial de Clubes, escenarios que en años anteriores habrían augurado llenos en restaurantes deportivos.

“Algo que es constante es que cada día la cosa está peor”, finaliza Moeller. De acuerdo a datos de la CANIRAC estatal, en Nuevo León se han cerrado entre 10,000 y 11,000 restaurantes y se han perdido más de 130,000 empleos, lo que representa un golpe al 50% de la industria restaurantera de la entidad. En 2019 se abrían 2.5 restaurantes diarios y en 2020 se cerraban 50.

CDMX: el rojo los mantiene “amolados”

La Ciudad de México entró a color naranja del semáforo epidemiológico de junio a diciembre. Poco menos de ese lapso (de julio a diciembre), los restaurantes-bares deportivos permitieron un aforo máximo en interiores del 30%. Fueron cinco meses, pero los otros seis han estado cerrados, como en la actualidad, debido al color rojo.

“Van a ser grandes pérdidas (para los restaurantes deportivos) porque por el momento, con las regulaciones, no les dan permiso de funcionar o tienen que estar afuera, y ellos funcionaban con televisiones dentro”,  afirmó Francisco Fernández Alonso, presidente de la CANIRAC en la Ciudad de México.

Señala que este tipo de establecimientos “venían en pleno crecimiento” antes de la pandemia, teniendo sus mayores afluencias en eventos como la Liga MX, la Champions League y el Super Bowl, en lugares “para todos los niveles socioeconómicos”.

La industria restaurantera en la CDMX ha tenido que apoyarse en aplicaciones digitales como UberEats y Rappi para no permanecer inactiva, aunque cierran sus servicios a las 5:00 pm, siendo el horario más bajo entre las tres metrópolis más importantes del país y el menos conveniente, ya que los eventos deportivos de México y Estados Unidos comienzan a esa hora o después.

“Los restaurantes deportivos están siendo muy perjudicados por la pandemia porque son lugares que funcionan adentro; están muy amolados, como los bares, que definitivamente han tenido que cerrar”.

En la CDMX, la industria restaurantera ha sufrido el cierre de más de 7,500 establecimientos, que representan el 15% de todo el gremio, además de un 60% de recorte de personal, la tasa más alta en comparación con Jalisco y Nuevo León. En 2020, América, Cruz Azul y Pumas, equipos que radican en la capital del país, clasificaron a la liguilla del futbol mexicano, lo que habría generado más recursos para los restaurantes deportivos en otros años.

fredi.figueroa@eleconomista.mx