La vida de Mike cambió los últimos años.

Antes se ganaba la vida en el terreno de juego, alternando su tiempo entre el rugby profesional y sus estudios como docente. Hasta que no dio  más, el retiro llegó.

Mike colgó los botines, se limpió el lodo por última vez y guardó el balón para siempre. Ahora se dedica a ser maestro casi de tiempo completo en una escuela primaria de Estocolmo, porque el resto de sus horas libres se las dedica a Sussane, su esposa, y a John, su hijo de tres años.

Es el verano de 1995.

La vida de los Guidetti se transforma con la carta que recibe Mike. En ella le informaron que tiene la oportunidad de aplicar para la vacante de director de una primaria. El problema es que el colegio se encuentra fuera de su ciudad, del país y hasta de Europa... se encuentra en Nairobi, la capital de Kenia.

Mike encontró la forma de convencer a su esposa y emprendió el viaje a África. Empezaron sin nada y con la misión de darles educación a niños que sufren de pobreza extrema.

El primer viaje duró, primero, algunos meses. Después, la familia regresaría siete años después para establecerse por más tiempo.

Kenia marcaría al pequeño John.

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La temporada 2011-12 de la Eredivisie vive sus últimas jornadas y el Feyenoord que dirige Ronald Koeman pelea el título con el Ajax. Guidetti es el goleador del equipo. Registra 20 goles en 23 juegos, la cifra más alta hasta ese momento de su carrera.

Todo marcha a la perfección. Dos meses antes recibió su primera convocatoria a la selección mayor de su país y ahora, en abril, celebra su cumpleaños a sabiendas de que puede convertirse en campeón de goleo en Holanda. Sus amigos y su novia lo invitan a celebrar. Primero van a comer hamburguesas y posteriormente acuden a una discoteca.

El festejo termina de repente. Guidetti anuncia que se va a casa.

No para de vomitar en el camino y cuando llega a su hogar, sucede lo mismo. Apenas y puede dormir. Por la mañana, le informa a Koeman que no podrá asistir al entrenamiento. Éste no le cree y piensa que tiene resaca por el festejo de la noche anterior.

“Nunca he probado una gota de alcohol”, le responde, pero el argumento enfurece más al técnico.

Guidetti acude al hospital en el que le detectan una gastroenteritis. Sale al siguiente día y a la semana posterior ya estaba en las instalaciones del club. El preparador físico le dice que se suba a la bicicleta estática. Lo hace, pero algo anda mal. Tiene entumida la pierna derecha. Luego cae desmayado.

Es llevado nuevamente al hospital y ahí le dan otro diagnóstico: tiene una infección producida por un pedazo de pollo en descomposición y, para colmo, su sistema inmune no estaba combatiendo a la enfermedad. La infección era tan fuerte que estaba deteriorando la musculatura de su pierna y ponía en riesgo su carrera como profesional.

Guidetti pasará año y medio en tratamiento para superar la enfermedad y casi dos años sin jugar. Todo por la hamburguesa que se comió en su cumpleaños número 20.

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El primer contacto de John con el futbol fue con el IF Brommapojkarna de Estocolmo. Pero su etapa en el club se interrumpió cuando tuvo que regresar con su familia a África. Su padre no quería que se quedara sin jugar. Habló con los dirigentes del club para que fundaran una filial en Kenia, en la que tenía planeado ayudar a los niños kenianos y de paso que su hijo se mantuviera en el balompié.

Los dirigentes aceptaron y mandaron balones, camisetas, botines y todo lo necesario para que se fundara el Impala Bromma Boys, el club filial. Días antes de que empezara una pequeña liga local, en la que el equipo iba a jugar, sucedió la tragedia.

“Tuvimos que enterrar a nuestro capitán. Él se ahogó junto a su hermano cuando iban a bañarse en una piscina después de un entrenamiento”, dijo el mismo Guidetti para la revista sueca King Magazine.

No fue la única experiencia en África que lo marcó. También se dio cuenta que los niños kenianos no tenían ropa, juguetes, ni otras comodidades que él si las tenía en Suecia y aún así agradecían a Dios que tenían la vida. Eso lo llevó a volverse católico y cuando se convirtió en profesional estableció en Nairobi su fundación, que ayuda a los niños en pobreza extrema.

Los Guidetti volvieron a Estocolmo cuando John se había convertido en un adolescente. En un partido, llamó la atención del Manchester City.

Su destino estaba en Inglaterra.

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Guidetti fue un fantasma con los Citizens.

Perteneció siete años al club, pero nunca disputó un partido oficial con ellos. Una vez que cumplió 18 años fue prestado al Burnley y luego al Feyenoord. Cuando se recuperó de la infección, fichó por el Stoke City, en el que pasó inadvertido. Sólo jugó seis partidos y no anotó ningún gol.

El resto de su carrera continuó de la misma manera. Jugó en el Celtic, luego se mudó España, donde fichó con el Celta de Vigo y ahora milita en el Alavés.

En tres temporadas apenas ha anotado 14 goles y uno en 21 juegos con la selección.

Así ha sido el viaje de Guidetti, que el sábado buscará darle el pase a las semifinales a Suecia por primera vez desde el Mundial de Estados Unidos 1994.

Y apenas tiene 26 años.

alain.arenas@eleconomista.mx