Tras una década en el máximo circuito mexicano, Jaguares de Chiapas ha contado entre sus filas con sólo dos figuras goleadoras extranjeras. En el 2006, su afición sufrió la despedida de la primera: el paraguayo Salvador Cabañas, quien ficharía por el club América. Y, este año, podría decir adiós al colombiano Jackson Martínez, que está por cerrar su fichaje al Porto luso.

Su carta vale 12 millones de dólares, cifra que impondría récord en una venta del mercado mexicano hacia el extranjero, pero Jackson bien lo vale.

Sus habilidades le han llevado ha ser pretendido por Tigres y otros clubes mexicanos que han estado interesados en el futbolista, atraídos por su nombre, siempre ubicado en los primeros lugares de la tabla de goleo.

Se dice que su estrategia está basada en el engaño, una mirada a la izquierda y su botín patea a la derecha, no hay forma de predecirlo. El colombiano es sinónimo de gol, uno cada 85 minutos, para ser exactos, según datos de la consultora alemana Transfermarkt.

Nació hace 25 años para cambiar por completo a Chocó, ciudad de la que es oriundo y de la cual hoy es más referencia que sus selvas o deliciosos alimentos tropicales.

Lo mismo ocurrió con el club Deportivo de Medellín, en el que se volvió inolvidable luego de que el día de su debut los aficionados abuchearan su regate y en su adiós corearan su nombre tras seis años de vestir su playera.

Fue entonces cuando, en el 2010, el delantero llegó a Jaguares de Chiapas, tras cuatro años de la salida de Cabañas. Enseguida, con nueve goles durante 13 juegos en su primera temporada, ocupó el lugar del paraguayo como figura y goleador infalible.

Así, los de la selva en una década únicamente han contado con dos ídolos extranjeros. Uno de ellos, precisamente, Jackson Martínez el segundo futbolista inolvidable que viste la playera naranja.

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