Eden es talento, picardía, irreverencia, capricho, indisciplina; también es meter un gol desde el vientre de su madre, admirar a Juan Román Riquelme, Ronaldinho y Zidane.

Hazard es el capitán de la Selección de Bélgica, a quien aporta inteligencia, calma, atrevimiento al ataque de los Diablos Rojos, que junto a la potencia de Lukaku y la precisión de Kevin de Bruyne, eliminaron a Brasil y ya repitieron la mejor participación de su Selección en una Copa del Mundo, cuando en México 1986 también llegaron a semifinales.

“Los europeos han aprendido, porque cuando ves a Eden Hazard cómo gambetea, dribla y anota, es como ver a un sudamericano”, comentó Faustino Asprilla hace unos años cuando la picardía era un ingrediente que se cocía exclusivamente en Latinoamérica, dentro de un contexto de superación, pobreza, ambición, desenfado, pasión.

El cuento de hadas del crack de barrio casi siempre comienza con los partidos en el potrero, la cancha de tierra y el balón descosido de tantas patadas de chicos que emulan a sus ídolos. En el caso de Hazard, La Louvière, la pequeña localidad al oeste de Bélgica, fue donde creció hasta los 14 años de edad dentro de un hogar modesto.

Carine y Thierry, padres de Eden, fueron futbolistas, ella delantera en la Primera División de Bélgica, y él se desempeñó en equipos de la Segunda División de su país, como centrocampista, aunque nunca pudo llegar a la Máxima Categoría. Cuando nació su primogénito, en enero de 1991, Carine dejó el futbol, aunque confiesa que tenía tres meses de embarazo cuando todavía seguía marcado goles. Años más tarde, junto a Thierry, comenzaron una etapa como profesores de deportes en escuelas de su ciudad.

“Realmente me gusta pensar que como jugador soy una mezcla de lo mejor de ellos”, dijo Eden sobre la herencia recibida de sus padres en una entrevista con The Independent.

Aunque no existían privaciones o conflictos, la vida de maestros les daba para vivir en un barrio modesto, donde su hogar estaba situado a tres metros de una cancha de futbol.

¿Cómo es un potrero en Bélgica? Es una cancha insertada en medio de chozas con techos de dos aguas, rotondas y jardines cada 500 metros, bicicletas y mesas de café para observar a los futuros cracks.

Pero incluso para reeditar la historia de superación con la que crecen los niños en Latinoamérica, Eden tuvo que dejar su país en la adolescencia para tener mejores bases de formación en el futbol. Como los niños brasileños, argentinos, uruguayos y colombianos, que dejan su barrio, su país y a su familia, Hazard dejó Bélgica a los 14 años cuando recibió una invitación de la academia de futbol de Lille, el equipo francés que para nada era de los más importantes de la Ligue 1, y que entonces no contaba con grandes figuras. Desde su último título de Liga ya había pasado más de medio siglo, pero la ciudad francesa se encuentra a 96 kilómetros de distancia del lugar de origen de los Hazard, por lo que los fines de semana podía viajar Eden a visitar a sus padres y tres hermanos en Bélgica.

“Hazard ha sido programado para el futbol”, expresó Jean-Luc Buisine a El País, cuando conoció a Eden en su juventud y él era el director deportivo del Lille. El atrevimiento, su calidad y carácter lo llevaron a sobresalir del resto de sus compañeros. Dos años después de llegar a Francia, ya debutaba en el primer equipo de Lille, y se convirtió en el único jugador que ganó dos ocasiones el premio al mejor futbolista joven del torneo y ayudó para que en la temporada 2010-2011 Lille consiguiera por primera vez en su historia el doblete, es decir, el título de Liga y Copa en el mismo año.

No obstante, en ese mismo año cuando su carácter le puso su primera gran prueba con la Selección de Bélgica, cuando en un partido amistoso, el entrenador George Leenkens, quien lo había convocado por primera ocasión al equipo nacional, lo sustituyó y eso provocó el enojo de Eden, quien dejó la cancha para irse al vestidor directamente y salir del estadio con su familia para ir a comer una hamburguesa, cuando el partido todavía no concluía.

Esa acción le provocó dos partidos de suspensión con la Selección, también crecieron las dudas sobre su liderazgo y madurez.

Eden era la figura del futbol francés en el momento de mayor inestabilidad para el delantero. Incluso Rio Mavuba, compañero de Hazard en Lille, confesó que en el último partido del futbolista belga en Francia jugó todavía con aliento alcohólico, ya que una noche antes fue su despedida, pero anotó tres goles ante Nancy.

“Nos aporta creatividad y creo que su impacto será muy positivo”, dijo Roberto Di Matteo, el entrenador italiano que llevó a Hazard a Chelsea. Ahí se convirtió en el segundo fichaje más costoso, en ese entonces, del equipo inglés, cuando pagaron 40 millones de euros.

También asumió una figura de liderazgo reservada, que respondía mejor en la cancha con su imaginación.

“Mis jugadores favoritos de todos los tiempos son Zidane, Henry, Ronaldinho, Robinho y Riquelme”, llegó a decir Eden, y donde sólo Thierry y Robinho habían jugado para equipos ingleses, el resto de los modelos a seguir de Hazard tienen un corte creativo y lúdico con el balón. Claude Puel, entrenador en Lille quien debutó a Eden, le llamaba el Pequeño Messi, porque tenía la habilidad de tener el balón pegado al pie derecho, cambiar de ritmo y dirección para ir dejando rivales.

“Todo el mundo quiere más de mí. Lo escucho todos los días”, indicó Eden hace un par de años, cuando comenzó a quitarse el sobrenombre de Pequeño Messi, ya todos lo identificaban como el líder de la Selección de Bélgica y del Chelsea, que ha cambiado los berrinches, los arranques de capricho, para tener una mejor dieta, dormir bien y tener un carácter más relajado.

Las semifinales de Rusia 2018 son una prueba más para Hazard, de que será él quien tome el relevo de Messi y Cristiano, a los 27 años. Comienza el año del duque Eden.