Lo de Francia no es poca cosa. Y no es por el título en Rusia, sino por lo que han hecho desde hace más de 20 años. Seis Mundiales, tres finales y dos títulos. El equipo de Didier Deschamps derrotó 4-2 a Croacia para que su país ganara su segunda Copa del Mundo.

Deschamps es parte importante de la historia moderna del futbol francés. Ganó en 1998 el título con esa generación espectacular encabezada por Zinedine Zidane, Fabian Barthez, Laurent Blanc, Thierry Henry. Y el propio Didier ahora conduce a la segunda gloria de su país.

Les Bleus no es un equipo espectacular aunque tiene todo para serlo. En casa han criticando a Deschamps por ser un técnico que decide no soltar toda la capacidad del equipo, que limita a sus jugadores, que no les deja despegar toda la capacidad.

¿Pero se imaginan la humillaciones que Francia propinaría en el campo si desplegara todo su potencial?, quizás deberían de agradecerle a Didier.

Es verdad, no será el equipo más espectacular, pero demostró que no hay nadie en el mundo que le pueda competir por ahora. Nadie es nadie. Los croatas pusieron su vida en la cancha, el corazón, su empuje, su pundonor. Pero al menos en el round de Rusia quedó claro que el talento, el orden y la estructura pudo más que el alma de guerrero.

Los franceses sumaron primero vía un autogol de Mandžukić, pero luego los croatas marcaron con un tiro violento, con entusiasmo, de Perisic. Croacia es un ejemplo que el trabajo puede llegar muy lejos y es suficiente para ser un equipo que compita en cualquier sitio y hacerlo con mucha dignidad.

Luego, antes de terminar la primera mitad, otro golpe más. El VAR –que tenía que despedirse de su primer Mundial- fue el protagonista una vez más. El árbitro consultó una mano de Perisic. Maidana fue a la banda para revisar la jugada y marcó penal que convirtió Griezmann. Luego Croacia se desfondó y apareció Pogba y Mbappé con tiros de media distancia para liquidar todo.

Lloris pagó más tarde por el error de hacer una jugada cremosa, altiva. Mandžukić le punteó un balón para poner el marcador 4-2.

En Francia su selección (como en casi todo el mundo) significa una bocanada de aire y de gozo (o sufrimiento) de la realidad que viven. Hace ocho años los franceses montaron una telenovela en el Mundial de Sudáfrica. Los humillaron, decidieron dar un golpe de timón a su entrenador y ahora, después de una reestructuración a nivel selección, lo volvieron a hacer.

Y sí, nos queda la duda, ¿qué haría Francia si desplegara todo su potencial? La única certeza es que ahora son los campeones del mundo.