No importó el pinchazo. La estocada posterior, entera y fulminante le dio motivos suficientes al público para solicitar, exigir que le fuera otorgada la oreja y así, luego de una faena por demás sentida, artística y con trasmisión, Federico Pizarro se alzó como triunfador del decimoséptimo festejo de la temporada grande en la Plaza México.

Y es que Rielero de Santa Bárbara hizo concebir esperanzas a todos, su calidad y nobleza fueron elementos que permitieron al esteta capitalino recibir de hinojos en un afarolado, realizar un soberbio quite por chicuelinas y llevarlo encelado hasta los medios de la plaza para rematar con un cambiado por delante que le fue muy aplaudido.

Luego vino el toreo en redondo, con pases tan lentos que el olé era largo, intenso, profundo y sentido, pues la gente emocionada no dejaba de corear el desempeño de Pizarro, quien se perfiló para entrar a matar con la plaza entera aguardando en un respetuoso silencio.

Vino el pinchazo, pero le aplaudieron, la forma en la que se tiró a matar fue con verdad, entregando el pecho y marcando los tres tiempos. Sin embargo, encontró hueso y fue en el segundo intento cuando logró dejar el estoque entero, preciso y fulminante. La gente ondeaba los pañuelos en clara manifestación de la petición de la oreja y el juez, luego de hacerse un poco el remolón, terminó por conceder.

En su segundo, un complicado y difícil burel, le salió el oficio. Con una faena para entendidos y en la que las series en redondo llevaron la etiqueta del aguante, el temple y el poder, logró hilvanar tandas con trasmisión, sin embargo, y ya con el triunfo casi ganado, señaló un pinchazo y dejó una estocada deficiente para que al final todo quedara en una vuelta al ruedo con fuerza.

Jerónimo, el diestro poblano, se las entendió con un astado áspero y complicado al que lanceó variado y le sacó pases con mucho calado en los tendidos, pero que ante la tardanza de éste para doblar, sólo alcanzó a dar la vuelta al redondel.

En su segundo, parado y débil, realizó una faena de enfermero, con medios pases y ayudando al débil ejemplar a pasar. Terminó de pinchazo y metisaca para escuchar palmas.

Por su parte, el salmantino, Pedro Gutiérrez El Capea, enfrentó un toro áspero y complicado, y otro noble con poca fuerza. Al primero le hizo una labor voluntariosa y escuchó palmas y con el último del festejo, tuvo momentos buenos por el lado derecho para ser ovacionado al término de su labor.

EL MIÉRCOLES, LA DE ANIVERSARIO

Este miércoles, a las 7 de la noche, se llevará a cabo la corrida del LXVIII aniversario de la Plaza México, el rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza y los matadores a pie, Joselito Adame y Octavio García El Payo, lidiarán toros de Fernando de la Mora.