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Enjundia y triunfo en La México
Javier Castro se alzó como triunfador de la penúltima novillada de la Temporada Chica en la plaza México.
Javier Castro se alzó como triunfador de la penúltima novillada de la Temporada Chica en la plaza México, con un toreo fresco, bullanguero y valiente el torero de Aguascalientes cortó la única oreja de la tarde, y sí no salió a hombros fue por sus fallas con el acero en el segundo de su lote en el que bien pudo haber cortado otro apéndice.
Sus alternantes Antonio Mendoza y Gerardo Solís, se fueron de vacío luego de tener actuaciones contrastantes. El primero, con una actuación sin pena ni gloria en su despedida de las filas novilleriles, ya que en breve tomará la alternativa; y el segundo, con enjundia, valor y entrega que no fueron suficientes para redondear sus faenas a la hora de matar.
Castro enfrentó al segundo novillo de la tarde de nombre Conscripto, al que recibió con tres afarolados en los medios para luego lancear intercalando saltilleras con gaoneras y llevarlo ante el caballo con chicuelinas.
En su faena de muleta citó de largo e hilvanó series por el lado derecho, luego por el izquierdo, llenas de temple y trasmisión que le jalearon con entusiasmo, mismo trasteo como preámbulo de una estocada deficiente pero de efectos inmediatos que le valieron la petición mayoritaria y la concesión del apéndice.
En su segundo, quinto de la tarde, también mostró variedad para luego iniciar su labor con estatuarios y cambiados por la espalda, capetillina y en redondo con series que le volvieron a corear, naturales lentos, profundos y templados que no pudo redondear con la espada y sólo le valieron breves palmas luego de un aviso.
Por su parte, el debutante Gerardo Solis, tuvo una grata presentación luego de lancear en los medios y enfrascarse en un duelo de quites con Antonio Mendoza en su primero, cubrir con sobradas facultades el tercio de banderillas y torear con temple y recorrido por ambos lados a su enemigo, se puso pesado con la espada y le aplaudieron luego de escuchar dos recados desde el palco de la autoridad.
Con el sexto de la tarde, que le brindó al Matador Arturo Gilio, lanceó con variedad y derrochó facultades al cuartear la suerte en banderillas, hilvanó series de naturales y derechazos pero no mató adecuadamente y le aplaudieron con fuerza tras escuchar un bocinazo al término de su labor.
El primer espada, Antonio Mendoza, tuvo momentos de brillantez con la muleta, pero se eternizó con la espada y le abuchearon luego de recibir dos avisos.
En el cuarto del festejo, un burel sin trasmisión, estuvo voluntariosos y terminó por abreviar para escuchar breves palmas.