Londres. En una libreta guarda sus deseos. Los escribe todos los días al despertar, desde que tenía 11 años, cuando al Tiburón de Baltimore, aún niño, le gustaba más boxear. Se ha convertido en un secreto lo que la página fechada en 31 de julio tenía plasmado. Acaso convertirse en el máximo ganador de medallas en la historia de Juegos Olímpicos, deseo que, dicho sea de paso, se cumplió.

No soy un superhombre, sólo estuve en el lugar correcto, en el momento correcto, haciendo lo que me gusta , dijo Michael Phelps. Pero cómo no serlo, si el hijo pródigo, héroe estadounidense, superatleta, campeón olímpico, aleteó golpeando el agua con más fuerza que nunca para quedarse con el oro en la prueba de los 4x200 libres y concretar así la medalla 19 de su historia olímpica.

A la marca que por 48 años llevaba asentada en el Olimpo la gimnasta Larisa Latynina, quien hasta ayer era la atleta más ganadora de medallas en los Juegos, Phelps se encargo de hacerla añicos.

Había postergado ese momento sólo un par de días, pues cuando todos esperaban que su primera presea la consiguiera en los 400 metros combinados, Ryan Lochte le gritó a la cara, le peleó y ganó el oro, mientras que Phelps se disminuyó para quedar cuarto.

El domingo, siendo fiel a su estilo combativo, se alzó con la plata en los 4x100 libres…

medalla 17 de su palmarés olímpico. Ayer, el centro acuático de Londres vivió el momento más épico del olimpismo. El Tiburón hizo uso de los brazos que, extendidos, alcanzan dimensiones de 2.32 metros. Y llegó Phelps jadeante a ese momento que el mundo y él esperaban.

Al hombre historia le ha dado por estar en el ojo del huracán: de su idilio en Atenas 2004 con cuatro oros y dos bronces, a la cárcel en Maryland en ese mismo año por conducir bajo los efectos del alcohol. De su consolidación en Beijing 2008 al ganar oro en las ocho pruebas en las que participó, a su escándalo por una foto en la que se le veía consumiendo marihuana en febrero del 2009, experiencia que lo hizo caer en depresión.

Considerado el nuevo héroe estadounidense, nación que ha dado al mundo figuras deportivas como Carl Lewis, Greg Louganis y el mítico Mark Spitz, a quien en Beijing 2008 le arrebató la fama con el logro de conseguir ocho medallas en una misma edición de JO (una más que Spitz).

A Phelps le agrada encajar en el concepto de perfección. Invierte horas en la alberca, en la que puede completar hasta 80 kilómetros a la semana. Y después, según han contado quienes están cerca de él, permanece otras tantas horas frente al espejo con los brazos estirados, braceando como si siguiera en la alberca para mirar qué hay que mejorar.

No obstante, no suele ser el estadounidense un atleta duro consigo mismo: Si algo sale mal, sólo tienes que levantarte y tratar de nuevo . Aprendió esa filosofía en el box, deporte en el que ya no soy tan bueno .

De brazadas al Olimpo, se entrega completo Michael Phelps, quien seguramente en su libreta había anotado en alguno de estos días, nadie sabe si el primero, el cuarto o el sexto, el máximo deseo que tenía hasta ahora. Lo ha cumplido.

El Tiburón consiguió la hazaña, 19 medallas olímpicas y a la cuenta se podrían sumar tres más: los 200 metros combinados hoy miércoles, los 100 metros mariposa el jueves, y los 4x100 combinados el viernes. Porque Phelps, El Tiburón, amante del hip hop, de las hamburguesas, de la alberca, de las medallas y los récords, no se ha saciado aún.

cristina.sanchez@eleconomista.mx