—Cuando cumplí 10 o 12 años, mi padre nos regaló a mi hermano y a mí un libro con la dedicatoria “a los futuros jugadores del Mundial de 1990”. Es obvio que nunca llegué a ese Mundial, que jugó otro Diego.

No es Maradona, es Fonseca. Pertenece a una generación de periodistas narrativos que junto a sus compatriotas Leila Guerriero, Martín Caparrós, Leonardo Faccio y algunos más, han logrado crear un movimiento donde contar historias y contarlas con estilo es la prioridad. Y eso se agradece cuando el clic tiene un imperio.

Diego Fonseca (Argentina, 1970), es uno de los cronistas de la migración, de la relación de Estados Unidos con Latinoamérica, los indocumentados, pero hace cuatro años en su cuenta de Facebook empezó a escribir perfiles de los árbitros del Mundial. Escritor, periodista, editor y también el futbolista que no fue.


—Si tuvieras que relacionar a Messi, Neymar y Cristiano con algún personaje de la literatura o de la vida real, ¿con quién los compararías?

Si el futbol de algún modo sublima la guerra, pues entonces todos ellos son guerreros griegos. Cristiano sería indudablemente espartano o Héctor, el héroe troyano. No tengo claro si Messi ha de ser Aquiles, Ulises o Zeus, cada uno por una razón incompleta, pero ya hace rato dejó de ser completamente humano para ser un mito. Neymar tendría que ocupar un lugar intermedio, porque todavía no acabó por explotar, diría.

Ahora que lo pienso otro poco, Messi debiera ser un filósofo, Sócrates, que pensaba más de lo que hablaba, y que, además, era entendido como la belleza en sí.

—¿Qué te parece un Mundial en la Rusia de Putin?

Hace tiempo que la FIFA creó un universo alternativo donde todos nosotros aceptamos, más o menos moralmente cínicos, que el futbol se juega en cualquier lado. Hemos tenido un Mundial en Argentina durante una dictadura que tenía por campaña de propaganda “los argentinos somos derechos y humanos” mientras desaparecían a miles de personas. La justicia de Estados Unidos procesó a varios miembros de la cúpula de FIFA y ahí está, sólida, intocada.

Si el futbol es una religión, la FIFA es digna aprendiz del Vaticano. Permanece. Como decía ese pensador mafioso que era Julio Grondona: todo pasa. Sólo las religiones han logrado sobrevivir al cambio de la Historia. Parece que el futbol está aún en ese proceso, cada vez ocupando más espacio simbólico y real en el mundo.

Quisiera creer que en algún momento suspenderemos ese cinismo y obligaremos a la FIFA a que no nos lleve a mundiales en territorios odiosos y dominados por hijos de puta.

Pero supongo que tendríamos que repetir mucho los países donde sería aceptable hacer una Copa hasta que encontremos otro planeta donde vivir. Y por otro lado, ¿acaso un Mundial en Rusia no es una gran oportunidad para hacer más visible, con textos en sentido amplio, a la plutocracia autoritaria de Putin? Si uno lo mira sin candidez, hay lógica en que una organización corrupta como FIFA haga negocios con Putin.

—Hace cuatro años en el Mundial de Brasil escribiste perfiles de los árbitros. ¿Qué clase de personajes son?

El árbitro es el único ser humano en un templo de semidioses, dijo alguien. Un tipo privilegiado: el único civil en la batalla, y no pueden tocarlo. Y ese beneficio es extraño, porque, mientras los demás son atletas que dedican una vida a practicar jugadas que les permitan hacerse un nombre que les dé millones y la gloria, este tipo, el árbitro, un ser común, tiene el poder de arruinarlos con una sola decisión.

—Escribiste una columna donde decías: “No sabemos qué diría Borges si siguiera vivo y leyese alguna de estas novelas (de futbol)”. ¿Consideras que el género futbol ya es más aceptado?

Sin duda. El futbol es constitutivo de nuestra sociedad. La fiscalía de Estados Unidos procesó a más de 40 directivos de FIFA. Ahora, Estados Unidos ni siquiera es una gran potencia futbolística, pero sus fiscales se ocuparon de tratar de desmontar los negocios de la mayor organización de espectáculos del mundo, entonces dirigida por Blatter. ¿Cómo no va a haber literatura sobre un fenómeno global, una fe, un ejercicio tribal de bandos, primario y elevado a la vez?

Yo creo, como autor, que si el tema es atrapante, por ende, válido, merece tratamiento. Sólo hay que hacerlo bien.