Al conjuro del nombre de Julián López, el Juli, horas antes de iniciar el festejo del regreso del madrileño a la Plaza México, las calles aledañas se congestionaron de vehículos, la gente nerviosa tocaba el claxon o trataba de colarse entre los demás automóviles para no perderse esta corrida y sí, el torero español no los defraudó.

Con tres faenas de corte diferente, el diestro ibérico demostró por qué está en el primer lugar del escalafón mundial de los toreros.

La primera fue con lances variados, tandas por ambos lados que llevaron el sello del temple, la colocación y el conocimiento de los terrenos, pero que malogró con una estocada perfecta tras dos pinchazos que le valió saludar en el tercio.

La segunda a Ser de Luz, un descastado, parado y débil toro, en el que se inventó una faena donde parecía no haberla, y en la que a base de llevarle la muleta alta y sin reponer terreno, logró que el burel fuera bajando la cabeza hasta embestir como si planeara en el recorrido.

No conforme, el diestro madrileño le ponía los muslos de carnada, incluso el diamante de los pitones de su enemigo rozó varias veces su traje y la gente, luego de exclamar asombro, rompía en aplausos tras el valor mostrado, mismo que le valió las dos orejas tras la fuerte petición y un soberbio estoconazo del que el toro salió muerto del encuentro.

Con el quinto de la tarde, Caporal, un astado que derrochó nobleza, el Juli anduvo en el mismo tenor, variado con el capote, extraordinario en la faena de muleta y un pinchazo antes de la estocada mortal que le privó del apéndice y todo quedó en una vuelta al ruedo entre fuerte ovación.

El Payo, por su parte, inició frente a Buena Estrella, astado fuertemente protestado y con el que sobresalió un estatuario y algunos naturales para abreviar y escuchar breves palmas al término de su labor.

El cuarto fue Aroma Flamenco, con el que hilvanó una tanda completa de rodillas y en los medios y al que despachó de una buena estocada de la que salió rebotado y con un fuerte golpe en las costillas, pero que le valió un apéndice y los aplausos del público asistente.

Cerró su actuación con Dionisio, toro áspero y complicado en el que se vio obligado a abreviar para escuchar palmas.

Los toros de Fernando de la Mora, disparejos en presencia, saltaron a la arena con variado comportamiento, desde el noble Caporal, hasta el difícil Dionisio, amén de la poca presencia de Amor Puro y Buena Estrella, que provocaron el reclamo de los 25,000 asistentes a la Plaza México.