Uno opta por la mesura, observa el desarrollo con calma, da indicaciones a sus pupilos muy de cerca, sin hacer aspavientos. El otro es más pasional: gesticula, vive su partido, agita sus brazos y recorre una y otra vez su área técnica. Pero los dos son grandes entrenadores y responsables de que España e Italia sean finalistas. Vicente del Bosque y Cesare Prandelli, entrenadores de la Furia Roja y la escuadra azzura, respectivamente, han destacado por sus tácticas y estrategias.

Son muchas las virtudes que se pueden mencionar de Del Bosque, quien ha optado por el 4-3-3 en dos ocasiones y el 4-2-3-1 en tres encuentros de la Eurocopa, pero de acuerdo con Nico Estévez, analista táctico de www.futbolprimera.es, el mayor acierto del Bigotón es trabajar para que sus dirigidos sepan decidir correctamente.

Los jugadores apenas cometen errores en la toma de decisión, ocupan bien los espacios, superan líneas con seguridad y facilidad, obligando a las líneas defensivas y del centro del campo contrarias a un continuo movimiento , explica el especialista en el portal donde también, contrario a lo que muchos juzgan, aplaude la doble contención española.

Ha sido criticada esa dupla Alonso-Busquets sin realmente analizar la capacidad de los dos por interpretar el juego ofensivo y defensivo de la Selección. España se comporta como estos dos jugadores, sin estridencias, solventes y capaces .

Adelante, el entrenador ha logrado una importante sociedad entre Andrés Iniesta y Cesc Fábregas.

De acuerdo con el análisis táctico de Israel Ruiz, colaborador de www.eltactico.net, lo que ha permitido que Italia brille ha sido que Cesare Prandelli quien alinea con un 4-3-1-2, es formar un rombo en medio campo. Pirlo, jugando en la contención, creando juego desde atrás. Y, en sus costados, dos hombres con mucha ida y vuelta (De Rossi y Marchisio) mientras en punta del diamante jugaba Montolivo de enganche .

Ambos entrenadores y estrategias son de admirarse, sólo resta esperar al domingo para saber cuál será la más efectiva.

carlos.herrera@eleconomista.mx