Desde que inició su mandato en el 2001 al frente del Comité Olímpico Internacional (COI), el suizo Jacques Rogge, ortopedista y exdeportista, aseguró que entre sus principales preocupaciones estaban combatir el dopaje en el deporte y proteger al olimpismo de las apuestas deportivas que se hacen de forma clandestina.

Aunque los Juegos Olímpicos no habían sido blanco de las apuestas deportivas, en ese año, se documentaron algunos casos de corrupción en juegos de cricket que, pese a no ser un deporte olímpico, comenzaron a alertar al COI de este problema. No es fácil detectar las apuestas ilegales porque son por Internet , explicó Rogge en la reunión de la Odepa en el 2008.

Pero el COI ya había tomado acciones para enfrentar este fantasma un año atrás. De acuerdo con el reporte anual del COI, publicado en su sitio de Internet en el 2007, en diciembre de ese año el organismo decidió hacer firmar a los atletas y a miembros de la familia olímpica un acta compromiso para que no se realizaran apuestas ilegales ligadas a los Juegos Olímpicos que se disputarían en Beijing en el 2008.

Sin embargo, la preocupación de Rogge en ese sentido se mantuvo latente, por lo que en ese año contrató a la empresa Early Warning System, que tiene entre sus clientes a la FIFA, para monitorear las apuestas durante la justa veraniega en China.

Rogge ha liderado una intensa lucha en contra de este problema. No sólo porque las apuestas tienden a generar amaños en resultados, sino también porque las apuestas, según el propio dirigente, pueden generar unos ingresos de 140,000 millones de dólares, con esa cantidad se podrían organizar 3.5 Juegos Olímpicos de acuerdo con los gastos que empleó Beijing.

De acuerdo con Ronald Noble, secretario de la Interpol, que colabora con el COI desde hace varios años, los grupos de apuestas ilegales podrían causar daño durante los Juegos Olímpicos .

Según el sitio Games Bids, en el 2009 las apuestas se orientaron no a una competencia deportiva, sino a la competencia que se tenía entre Chicago, Madrid, Río de Janeiro y Tokio por las sede de los Juegos Olímpicos del 2016.

El riesgo sigue aunque el COI ha buscado protegerse al buscar uniones con la Interpol para evitar, como lo ha hecho hasta ahora, que el fantasma de las apuestas empañe el espíritu olímpico, tal como lo ha hecho el dopaje.