Si las seleccionadas estadounidenses tuvieron durante el Mundial de Francia 2019 los ojos del mundo, ahora con el cuarto título (y bicampeonato) tienen un revulsivo para acentuar más todas las peticiones de cambio que demandan en el contexto deportivo de su país.

Son ellas las que piden igualdad salarial respecto a lo que gana la selección varonil, son ellas las que se negaron a aceptar convencidas una visita a la Casa Blanca para ver a Donald Trump.

¿Cómo no escucharlas con tanta estrella que tienen en su palmarés? El equipo femenil es un activo político porque mueve voces del gobierno; es un catalizador social porque hace que los aficionados se identifiquen con ellas y puedan gritar un “Fuck Trump” en televisión nacional, y son una industria que es buen negocio para Nike, que hace unos días dijo que tiene una cifra récord en ventas de jerseys de la selección gracias a la fiebre del Mundial femenil.

Lo deportivo es el epicentro de la marea que alcanza a distintos ámbitos de Estados Unidos.

La calidad de sus jugadoras a lo largo de las ocho copas mundiales femeniles que se han realizado es el resultado de la política pública. En particular desde 1972, cuando la Ley de Enmiendas de Educación impulsó a las feministas a cerrar una brecha entonces existente en los derechos civiles, en los cuales ya no se permitiría a las escuelas, colegios y universidades financiadas con fondos federales discriminar por sexo. Se aplicó a todos los programas educativos, incluidos los deportes.

Desde entonces, comenzaron en las escuelas los programas y competencias de distintas disciplinas para el género femenino. Una era de talento estaba por venir.

En la década de los 80, las administraciones escolares y la NCAA pelearon por la provisión de fondos y becas para la programación deportiva. Y se consiguió más cuando el talento deportivo de las niñas y jóvenes se volvió una razón para financiar su educación a través de becas. En 1972, cuando se aprobó este beneficio, sólo había 700 niñas jugando futbol en el nivel secundaria. En 1991, el año de la primera Copa Mundial Femenina había 121,722 jugadoras de secundaria. Ese número se ha más que duplicado desde entonces. En el 2018 había 390,482 jugadoras. El éxito del equipo de mujeres seguirá inspirando a crecer el número de jugadoras.

El título en Francia 2019 pone el dedo en la importancia que ha tenido el sistema educativo estadounidense en la organización de desarrollo deportivo para mujeres. Ahora hay un grito que buscan resolver: la igualdad salarial entre el premio de las mujeres y el de los hombres, el canto que estalló en Lyon, Francia, según reportó Andrew Keh de The New York Times.

Cada jugadora ganará alrededor de 250,000 dólares en premios, mientras que los jugadores de la selección varonil (que no clasificó para la Copa Mundial 2018) hubieran ganado en caso de coronarse un poco más de 1.1 millones .

Según The New York Times, hay 30 millones de dólares en premios para la Copa Mundial Femenina 2019 y en Rusia 2018 fueron 400 millones de premios.

“El dinero de la FIFA es el dinero de las federaciones. Dinero de anunciantes, patrocinadores, titulares de derechos, TV. Y, obviamente, no es sólo tirar dinero a ciegas, sino invertir en infraestructura, en programas de capacitación o academias para mujeres, en coaching para las mujeres”, dijo la capitana Megan Rapinoe.

En el 2019, la selección femenil presentó una demanda por discriminación de género contra el futbol de Estados Unidos por la disparidad salarial con el equipo nacional masculino y las condiciones de trabajo. El caso sigue su curso y suma empatías.

Después del partido, Fox News cortó un tiro en vivo del corresponsal Greg Palkot, quien estaba en un bar deportivo en Lyon, Francia, donde se jugaba la final.

Los fans comenzaron a cantar “¡Fuck Trump!”.

La inconformidad contra el presidente Donald Trump tiene su origen cuando la superestrella Megan Rapinoe dijo que no visitaría la Casa Blanca si lograban el título. A eso, vinieron las respuestas de Trump ofendido. Pero a la industria el éxito y la propaganda del equipo le juega a favor.

La camiseta local del equipo femenino de futbol es la camiseta más vendida (masculina o femenina) en el sitio web de Nike en una temporada, dijo el CEO Mark Parker en el reporte de ganancias del cuarto trimestre de la empresa de ropa deportiva. Casi dos tercios de los equipos del Mundial femenil llevaban uniformes Nike y la mitad de los jugadores usaban zapatos de la marca.

Los ingresos de Nike aumentaron 13% en el cuarto trimestre. Eso incluía un crecimiento de dos dígitos en el calzado y la ropa de las mujeres. La compañía está expandiendo su “tamaño inclusivo” para mujeres y planea acelerar el crecimiento en su negocio de mujeres a través de las ventas en línea.

“Nuestro impulso en las mujeres es un gran ejemplo de cómo nuestro enfoque renovado es realmente mover la aguja a través del diseño cuidadoso”, concluyó Parker.