Una tarde festiva se vivió en el marco de la decimoquinta corrida del serial en la plaza México, donde sobresalieron las maestrías del Zotoluco y del Juli, amén del triunfo de Joselito Adame ante astados disparejos en presencia y descastados en su conjunto procedentes de la ganadería de Montecristo.

Los aproximadamente 30,000 aficionados que se dieron cita en el inmueble de la colonia Nochebuena le reprocharon al juez de plaza, Gilberto Ruiz Torres, negar al Juli cuando menos un apéndice luego de una destacada labor, recriminándole con el popular grito de ¡eh... puto! , típico de partidos de futbol.

Una vez terminado el paseíllo, la gente invitó a los alternantes a saludar en el tercio y luego contempló con gusto la soberbia faena que se inventó Zotoluco, quien derrochó valor ante un toro peligroso, abanto y que se revolvía con rapidez buscando sus costillares, pero que, a base de temple y mando, logró sacarle tandas que le corearon con fuerza y que infortunadamente malogró con la espada para saludar en el tercio al término de su labor.

En su segundo, noble con poca fuerza, estuvo variado en el capote y toreó con temple y suavidad por ambos lados, adornos y una estocada en buen sitio que no hizo doblar a su enemigo con rapidez y escuchó un aviso.

Por su parte, el Juli enfrentó un descastado y huidizo burel al que lanceó con cadencia. Lo toreó con mano baja y mucha trasmisión hacia los tendidos, adornos que le jalearon mucho y que coronó con una estocada baja que posiblemente propició la negativa del juez para que todo quedara en una vuelta al ruedo entre el reconocimiento general.

En su segundo, un burel protestado airadamente y que resultó prácticamente inválido se vio obligado a abreviar y fue silenciado al término de su labor.

El benjamín de la tarde, Joselito Adame, se las vio con un toro deslucido con el que tuvo voluntad y le aplaudieron; pero en el cierra plaza, lanceó variado con el capote, quitó por zapopinas y toreó con temple y ligazón, tandas por ambos lados que le corearon y que remató con una serie de manoletinas, un estoconazo recibiendo y un golpe de descabello para que le fuera otorgada la oreja por petición mayoritaria.