Si todo sale como se tiene planeado, el próximo 2 de febrero la vida en Glendale volverá a la normalidad como antes del Super Bowl. Al menos así lo esperan las autoridades de la ciudad, que acogerá uno de los eventos que tiene un nivel de amenaza sólo menor que las inauguraciones presidenciales y la convención de la Asamblea General de la ONU y para el que no sólo dispondrán de un gran número de efectivos, sino también invirtieron unos 3.2 millones de dólares para garantizar que todo se lleve a cabo en orden.

Y es que desde hace tres años, cuando la NFL anunció que el Super Bowl XLIX se disputaría en Arizona, uno de los puntos en los que se puso principal atención fue en la seguridad, pues tanto la Liga como la policía buscan evitar cualquier acto violento o amenaza terrorista que empañe la realización de este evento.

Como en cualquier otro gran evento, habrá incidencias. Nuestro trabajo es calcular cómo podemos prevenirlas, mitigarlas, investigarlas y remediarlas , aseguró Matthew Lively, jefe de la policía de Glendale, Arizona.

El estadio de la Universidad de Phoenix, en el cual también se realizan conciertos y shows y que tiene una capacidad para poco más de 63,000 personas, será custodiado por más de 1,000 elementos de Glendale, los cuales estarán repartidos tanto dentro como fuera del estadio. Aunado a ello, se contará con oficiales del estado y se contrataron algunas empresas de seguridad, entre las que destacan Prescott, Tempe, Mesa y Gilbert.

En total, serán 2,800 elementos de 50 grupos entre agencias federales, locales y privadas las que estarán trabajando el próximo 1 de febrero para garantizar la seguridad tanto en el estadio como en los hoteles, en las fiestas relacionadas con el Super Bowl y en el NFL Experience.

Del mismo modo, habrá elementos del cuerpo de bomberos y paramédicos para atender cualquier eventualidad.

Estos grupos de trabajo están preparados para detectar y eliminar materiales peligrosos, realizar vigilancia aérea, responder a los problemas de salud pública que puedan presentarse , detectar y disponer de explosivos, monitorear protestas y proteger a los mandatarios y altos mandos que asistan al estadio de la Universidad de Phoenix.

En casa tenemos entre 15 y 16 agencias locales y eso nos da fuerza y estabilidad. Será raro ver cualquier violencia dentro del estadio -otra que no sea la del campo- en el Super Bowl , dijo Lively.

De acuerdo con el departamento de policía de Glendale, durante los juegos de los Arizona Cardinals, las incidencias de crímenes son realmente bajas, y en los casos de conciertos y shows, lo más común son asaltos, casi todos provocados por el abuso del alcohol.

Habrá Helicópteros, rayos X y ciberinteligencia

Aunque las autoridades de Glendale aseguran que el nivel de amenaza para el Super Bowl que se jugará el próximo domingo entre New England y Seattle es igual al de otras ediciones (con excepción del 2002, tras los ataques del 11 de septiembre) lo cierto es que las medidas de seguridad serán muchas.

De acuerdo con datos de la policía local, se incrementó el número de cámaras para monitorear multitudes, se implementó un programa de ciberinteligencia, el cual estará encargado de monitorear de manera cercana las redes sociales, además de que se dispuso de un grupo de investigación para detectar entradas falsificadas.

Del mismo modo, sobrevolarán la ciudad decenas de helicópteros conocidos como halcones negros, y los asistentes tendrán que pasar por máquinas de rayos X con el fin de detectar contrabando y explosivos.

En cuanto a los visitantes, el departamento de Administración de Seguridad en el Transporte, que es responsable de la inspección de pasajeros de líneas aéreas, se sumará con escáneres y carriles que serán puntos de control en los aeropuertos, además de perros entrenados para detectar drogas y armas en el equipaje.

Pese a todas estas medidas de seguridad, el reto para la policía y las autoridades es asegurarse de que el evento sea abierto, accesible y divertido... ¿Lo conseguirán?

cristina.sanchez@eleconomista.mx