—¿Cuál sería un buen resultado para Argentina en el Mundial?

El campeonato. No hay otro, responde Mario Kempes, campeón del Mundial de Argentina 78.

—¿Que lleguen a la final no sería aceptable?

No. Después de tantas finales, es lo único que a esta generación la haría sentir satisfecha. Pero el campeonato nunca ha parecido tan lejano para la albiceleste como en este momento.

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El 23 de agosto del 2008, la selección argentina enfrenta la final de los Juegos Olímpicos de Beijing. Es una generación esperanzadora. No sólo porque en el plantel se encuentra Lionel Messi, Ángel Di María, Sergio Agüero, Federico Fazio, Gabriel Mercado, Éver Banega y Javier Mascherano, sino porque el año pasado consiguieron el título del Mundial sub 20 que se celebró en Canadá.

Al minuto 58, Messi recibe el balón en medio campo. Se desmarca y pone un pase filtrado a Di María, quien recorre 30 metros para encarar al portero. El mediocampista define por arriba y marca el gol. Es el único del encuentro y el que le da la medalla de oro a la albiceleste.

Esa generación no lo sabe, pero será el único campeonato que conseguirá en la siguiente década y que Nigeria, su rival aquel día en el Estadio Nacional de Beijing, también será el que pueda definir el futuro en el Mundial de Rusia.

“Desde entonces tiene, por lo menos, 10 años que juegan juntos. Todos entienden que en Rusia es su última oportunidad de jugar un Mundial en plenas aptitudes físicas y futbolísticas. Sin embargo, parece que las derrotas de las Copa América 2015 y 2016 ante Chile y la del Mundial del 2014 ante Alemania les pesan demasiado. Han sido una loza tremenda de superar”, opina Kempes.

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Una de las primeras decisiones que tomó Claudio Tapia —el nuevo presidente de la Asociación de Futbol Argentino (AFA)— fue retirar a Edgardo Bauza como entrenador de la selección y sustituirlo por Jorge Sampaoli. El extécnico del Sevilla firmó un contrato que termina en el Mundial de Qatar 2022.

La llegada de Sampaoli también fue el parteaguas para nombrar a nuevos entrenadores en la sub 17 y 15 del seleccionado. Pablo Aimar y Diego Placente, exseleccionados argentinos, fueron nombrados como timoneles de esos equipos. Pero una derrota de la selección mayor hoy ante los africanos podría poner en riesgo la continuidad de ambos, cree Roberto Parrottino, periodista del diario Tiempo Argentino.

“No sólo eso. También podría poner en entredicho la continuidad de Tapia o de otros dirigentes de la AFA. El panorama es de incertidumbre y lo único claro es que algunos jugadores no volverán a jugar con la selección. Como Javier Mascherano, quien dijo que se retirara del seleccionado al finalizar el torneo”, dijo.

—¿El mal funcionamiento de la selección tiene que ver con la dirigencia de la AFA?, se le pregunta a Kempes.

—Para nada. El que lo acepte es que es un cínico, responde.

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¿La selección del 2018 se compara con la del 2002, la última que fue eliminada en fase de grupos?, se le pregunta a Parrottino.

—No. Esa selección tenía variantes, atacaba, era ofensiva. Pero no encontraba el gol. Ésta no tiene esas características, dice.

—¿Hay alguna a la que se le compare?

—Sí, a la de Suecia 58. Esa selección y los argentinos, en general, se sentían que eran los mejores del mundo sin demostrarlo en la cancha. La derrota ante Croacia es comparada con el partido contra Checoslovaquia de ese año. Ese partido marcó un duro golpe para jugadores, directivos y aficionados argentinos.

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Argentina llega al tercer partido del Mundial de Suecia 1958 con  dos puntos. Está obligada a ganar. Antes, en su debut, fue derrotada por la campeona Alemania, mientras que en su segundo partido derrotó a Irlanda del Norte. El partido contra Checoslovaquia es fundamental para la albiceleste, que no disputó el Mundial de Brasil 50, ni el de Suiza 54. Necesita del triunfo para avanzar a la segunda fase.

Pero el partido empieza mal para ellos.

Al minuto ocho, Milan Dvorak marca el primero para los checoslovacos. Argentina no reacciona y para el descanso pierden 3-0.

Orestes Corbatta acorta el marcador para los sudamericanos, pero los europeos se recuperan y anotan tres goles más. Aquella tarde, en Helsingborg, marcó la peor goleada recibida en la historia de la selección argentina y el partido, a la postre, fue nombrado como el Desastre de Suecia.

A su regreso, los jugadores del plantel fueron recibidos con insultos por los hinchas, les señalaban los goles que habían recibido ante Checoslovaquia y les aventaron monedas, en señal de que habían arreglado el partido. Ángel Labruna, delantero del representativo, aceptó después que no estudiaron bien el torneo.

“Estábamos mal preparados tácticamente”, reconoció.

El pasado 15 de junio se cumplieron 60 años del Desastre de Suecia, justo en el verano en el que el futbol argentino puede sufrir otro gran golpe a su autoestima. El desastre argentino se puede repetir en Europa, pero ahora en Rusia. Tendrán, ante Nigeria, los primeros 90 minutos para impedirlo.