José Mourinho fue enviado a las tribunas mientras esbozaba una sonrisa entre sarcástica y nerviosa, presintiendo lo peor. Y el estratega portugués tenía razones de sobra para reaccionar de esa manera, porque al final, de la mano de un error de Pepe, elemento que dejó con 10 hombres al Real Madrid con 30 minutos por jugarse, el Barcelona se impuso 0-2 a los merengues, con pie y medio en la final de la Champions, y haciendo pedazos el record de imbatibilidad del cuadro blanco.

Parecía que ayer el duelo estaba destinado para un 0-0 de muchos roces y poco futbol. La primera etapa, en la que Mourinho superó a Guardiola, apenas dejó un par de avisos de cada lado.

El duelo comenzó a tomar forma justo en el entretiempo, momento en el que estallaron los ánimos, teniendo a José Manuel Pinto, segundo arquero del Barcelona, y a Álvaro Arbeloa como protagonistas, tirando manotazos, pero siendo expulsado solamente el guardameta.

El portugués Pepe quien ayer repitió en la mitad de la cancha dejó una plancha a Dani Álves, en propio campo de Barcelona, con media hora por jugarse.

Tras presenciar esa falta, el silbante Wolfgang Stara, que se había guardado muchas tarjetas para los merengues, desenfundó su cartón rojo para expulsar a Pepe, e instantes después echó a Mourinho.

Con el futbolista portugués en las regaderas, el estratega portugués no tuvo más remedio que tomar una libreta y pluma, trazar dos líneas de cuatro, arrancar la hoja y entregarla a sus asistentes. Apenas 16 minutos después comenzó a sufrir, por primera ocasión en la presente edición de la Champions, lo que significa recibir un gol en casa, pero sobre todo estar al borde de la eliminación.

Y es que al minuto 76, Ibrahim Afellay, quien hizo una maniobra individual, quitándose a Marcelo, llegando a línea de fondo para luego mandar una diagonal que Lionel Messi conectó de primera intención con la suela de su botín, mandando la pelota a las redes.

Una pincelada del mismo atacante argentino hizo explotar a Pep Guardiola, que festejó apretando sus puños, zangoloteando sus brazos, el segundo de su equipo al 84.

Lio tomó una pelota en tres cuartos de cancha, la condujo pegada a su botín, se quitó la marca de tres defensores y luego entró al área, sitio en el que cruzo con disparo suave a Casillas, quien quedó tendido en el césped, viendo como su acérrimo rival parecía tomar rumbo hacia la final de Europa. (Con información de Carlos Herrera Lizalde)

EISS