Las ganas de triunfo, fuerza de voluntad y deseos del rejoneador navarro, Pablo Hermoso de Mendoza y los diestros mexicanos, Joselito Adame y Octavio García El Payo, en la decimoctava corrida de la Temporada Grande en la Plaza México, festejo del LXVIII aniversario, se estrellaron con las malas condiciones de los toros de Fernando de la Mora y las fallas con los aceros.

Ante una gran entrada, abrió plaza Pablo Hermoso de Mendoza, quien luego de colocar con excelencia los rejones de castigo y las banderillas, además de mostrar gran dominio de sus cabalgaduras, Churrumai, Disparate y Pirata, tuvo buenos momentos, pero dejó el rejón de muerte mal colocado y sólo obtuvo palmas.

A su segundo, Corta Flores, le colocó a bordo de Napoleón el primer rejón y lo bregó a la grupa con mucha vistosidad; volvió a montar a Disparate para poner banderillas y lo llevó encelado y muy cerca de la grupa para luego con Pirata, poner banderillas cortas y banderillas a dos manos, pero erró de nueva cuenta con el rejón mortal para ser ovacionado al término de su labor.

Joselito Adame enfrento un ejemplar que no se empleaba, que regateaba las embestidas y al que con base de voluntad y paciencia logró dar una serie muy coreada por el lado derecho, pero el viento le dificultó su labor y abrevió para escuchar palmas. A su segundo, complicado y con sentido, lo recibió a porta-gayola y lanceó a la verónica, pero en la faena de muleta el toro se tornó complicado y abrevió para ser ovacionado.

Regaló un octavo ejemplar con el que estuvo variado en el capote, tesonero con la muleta y al final se vio obligado abreviar para escuchar nuevamente palmas.

Por su parte, Octavio García, El Payo, abrevió ante el tercero, un burel soso y deslucido para escuchar palmas y, con el séptimo, ya que el sexto fue devuelto por estar burriciego, realizó lo mejor de la tarde.

Los pases por el lado derecho le fueron muy coreados, el remate con un pase de pecho espectacular y cargado de temple, lentitud y trasmisión, hacían presagiar el triunfo que no llegaba; sin embargo, pinchó en la suerte suprema y fue llamado a saludar en el tercio al término de su labor.