Michael Arroyo sofocó la furia de Gignac y cualquier intento de Tigres por remontar el marcador. Apenas llevaba unos minutos en la cancha el delantero ecuatoriano y comenzó una carrera cadenciosa, casi bordando la torpeza, pero encontró el rincón perfecto para vencer a Nahuel Guzmán.

América ganó 2-1 a Tigres, en el partido de vuelta de la Concachampions, con lo que terminó por imponerse en el marcador global 4-1, para obtener el bicampeonato de clubes de la Concacaf y el séptimo en su historial. Ningún equipo ha ganado más títulos que Águilas, que, por cierto, tendrán la oportunidad de resarcirse del resultado de hace un año en el Mundial de Clubes.

Apenas ingresó Michael Arroyo al campo, impregnó de confianza y picardía a un temeroso equipo azulcrema, excesivamente precavido y sin cohesión futbolística hasta el tanto del ecuatoriano. Fue Micky autor del gol que inició el triunfo americanista y a quien le cometieron la falta en el área felina, que minutos más tarde Osvaldo Martínez haría válida para decretar el campeonato americanista.

De paso, Ignacio Ambriz consigue su primer título como técnico, confirmando que el proyecto deportivo americanista, encabezado por Ricardo Peláez, es exitoso desde la continuidad de jugadores, la paciencia y la recuperación de talento. En cuatro años y medio con la nueva gestión, América lleva cuatro títulos, con cuatro entrenadores diferentes.

¿Se puede ser héroe de un título con menos de la mitad de los partidos jugados como titular? En América es posible. El éxito de la oficina americanista refleja la confianza en un plantel, la continuidad y el trabajo de la gerencia deportiva. Siete de cada 10 fichajes han rendido buenas cuentas a veces , con paciencia, después de un préstamo a otro club, o con pocos minutos en la cancha; con la suplencia han despertado la ambición de sus jugadores.

Así fue en el caso de Michael Arroyo, futbolista que llegó a América tras sufrir el descenso Con Atlante. Con indisciplinas y pocos minutos, el ecuatoriano se ganó un contrato a largo plazo cuando le anotó a Nahuel Guzmán el primer gol del partido de vuelta de la final del Apertura 2014, precisamente ante los Tigres. Tras el título, Micky firmó un contrato por tres años con Águilas.

Y es que si de algo ha servido la paciencia en Coapa, es para conformar un equipo ganador. Lo mismo pasó con su técnico, Ignacio Ambriz, que vivió la primera etapa del torneo con la zozobra del despido; algunos tropiezos y un estilo poco agresivo casi lo condenan.

Lo mismo pasó anoche. América dejó que la pasión de Gignac y compañía los desbordara durante el primer tiempo. El francés se convirtió en el pulso de los Tigres, su ímpetu y carácter provocó regaños a sus compañeros, indicaciones de cómo mandar un centro, incluso el desprecio ante una equivocación.

El momento más crudo que vivió el atacante fue como testigo de la falla de su compañero. Fernando Fernández, en la atípica soledad del área rival, mandó su remate por un costado de la portería de Hugo González. Gignac sólo se llevó los brazos al rostro, signo irremediable de su frustración.

No obstante, las equivocaciones americanistas redoblaron la esperanza de Tigres. Con un esquema defensivo, con trazos largos en busca de una jugada individual de sus delanteros, América cedió la posesión del balón a sus rivales, suceso que fue aprovechado cuando Rafael Sóbis habilitó a Gignac, que remató a la base del poste izquierdo de Hugo González.

Toda épica felina acabó con la picardía de Arroyo, el primer solista que se adueñó del balón, y enseñó el camino a sus compañeros para remontar el partido y, sobre todo, para darle el cuarto título a América en la era de la paciencia, de un proyecto deportivo que ignora la fidelidad de los técnicos, pero no así de los jugadores.

Sambueza, el mejor

La Concacaf eligió al argentino Rubens Sambueza como el mejor futbolista de la Concachampions.