En los últimos 24 años, siete de cada 10 campeones del futbol mexicano son equipos del interior de la República. En 38 finales que se han jugado desde 1990, sólo 10 veces se coronaron clubes que tienen o tenían residencia en la ciudad de México. En el camino, clubes como Monterrey, Santos Laguna, Toluca y Pachuca fortalecieron su arraigo y éxitos deportivos en el balompié nacional.

La cifra contrasta porque entre 1966 y 1989, el futbol mexicano estuvo dominado por el centro. De 25 torneos que se disputaron, en 17 ocasiones el título quedó en la ciudad de México.

La final entre América y Tigres revive la vieja rivalidad social entre centralismo y federalismo, pero también enfrenta a dos formas distintas de concebir el poder económico y organizado, así como los rasgos que distinguen a los seguidores.

El Economista presenta un perfil sobre las aficiones de América y Tigres, los finalistas del Apertura 2014, que desde las tribunas se disputan el adjetivo del mejor grupo de animación.

América, poder y odio,?razones de orgullo

En el 2005, cuando América venció en la final a Tecos, Nike emprendió la campaña de marketing Ódiame más. Fue el grito de guerra que adoptaron los seguidores y símbolo para hacer alarde del campeonato y provocar animadversión entre los rivales.

Consulta Mitofsky mencionó en su encuesta anual sobre afición al futbol 2014 que 40% de los encuestados considera a las águilas como su enemigo futbolístico, el mayor índice entre los equipos del torneo.

Para Sergio Varela Hernández, sociólogo y coordinador del libro Afición futbolística y rivalidades en el México Contemporáneo, la superlatividad en el discurso y práctica es la principal característica de adscripción y presunción de los seguidores de América.

A los fans de los azulcremas no les basta con ser un club odiado, deben ser los más odiados; se asumen como el mejor equipo, el de la polémica y el de los mejores jugadores; esos rasgos definen la filosofía de los seguidores, de apoyar al equipo más importante del país.

La antipatía también tiene sustento porque Televisa es dueña del equipo. La empresa de telecomunicaciones está asociada al poder económico y político del país, por lo que, argumenta Varela Hernández, odiar o tener como rival a América es ir contra el establishment y las élites económicas.

Tigres, rivalidad territorial y deportiva alimentan su pasión

El motivo más grande de orgullo para Tigres es la movilización de seguidores de visita en sus juegos de visitante y el aguante de sus grupos de animación. Los seguidores felinos han modificado su identidad; en el pasado el equipo de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) era concebido como el club de las clases bajas, pues pertenecía a una institución pública.

Sin embargo, desde que en 1996 Cemex, una de las empresas de cemento más grandes del mundo, opera al equipo a través de Sinergia Deportiva, los seguidores tienen como objetivo erigirse como la mejor afición del futbol mexicano, aguantar las adversidades y erigirse como la afición más creativa y que más apoya nuestro futbol.

Para empezar, desde el 2010, la afición de los felinos es la que mayor porcentaje de ocupación tiene en su estadio (en promedio 80% del aforo, según un estudio de la Consultora Pluri) y siempre disputa el primer lugar en asistencia de aficionados durante el torneo.

El poder adquisitivo de los seguidores de Tigres es visible cuando, junto a Monterrey, ofertan los abonos de temporada más costosos del torneo, con 17,560 pesos en un palco VIP del Estadio Universitario.

La pasión no sólo se limita al ámbito local, ya que en los últimos torneos, con la denominada invasión Tigre a los estadios visitantes, viajaron al menos 60,000 aficionados en el Torneo Clausura 2013 y tan sólo en San Luis Potosí dejaron 25 millones de pesos de derrama económica, según autoridades de turismo del estado.

Y es que, aunque la rivalidad más importante de los felinos es con Rayados de Monterrey, los habitantes de Nuevo León se conciben superiores a los pobladores del centro del país, debido al éxito económico e industrial de la región, según la investigación de Teresa Celestino Rodríguez, socióloga de la UANL.

De ahí que, de forma despectiva, los regiomontanos utilicen el término chilango para referirse a los originarios del centro del país.