Oribe Peralta todavía yacía en el césped, cuando Andrés Andrade corrió presuroso a pedir el balón a uno de los niños recoge-balones. Estaba decido a cobrar la pena máxima. El mediocampista colombiano le dio el triunfo a América 2-1 sobre León, sin ser el héroe de un partido que contó con una actuación discreta, con algunos visos de calidad individual, del Rifle, casi como lo hizo todo el equipo de Ignacio Ambriz.

De no ser por la imprudencia de Ignacio González, que derrumbó a Oribe en el área chica y el árbitro marcó la pena máxima, los locales habrían dejado escapar puntos y sobre todo hubiera quedado de manifiesto la inconsistencia de un equipo que tiene lagunas en el juego, donde el único ritmo eléctrico lo aporta Rubens Sambueza.

Un claro ejemplo fue Andrés Andrade, monótono la mayor parte de los minutos, con destellos de su calidad individual y técnica, pero que en la construcción de la jugadas ofensivas, su participación es testimonial.

Entonces, no fue raro que el primer gol de América iniciará en los botines de Sambueza, el dinámico capitán azulcrema, que sin importar sus arrebatos de furia, desdibujo la zaga guanajuatense, con un drible, para ceder al paso de Oribe, que con la tranquilidad de killer mexicano, se quitó a William Yarbrough para empujar el balón ya sin obstáculos.

Fueron los mejores momentos de las Águilas, porque los veloces delanteros esmeraldas poco les dejaron hacer desde entonces.

Los ritmos de América son inconsistentes. Por eso el gol de Elías Hernández no tuvo objeción de justicia, y dejaba en claro que la zona más débil de los azulcremas es la defensa.

Sólo la falta de concentración del defensa esmeralda, le abrió el triunfo a América, que en los últimos minutos dejó escapar la oportunidad de aumentar la ventaja. Andrés, el que le dio el triunfo, tuvo en sus botines anotar su segundo gol, pero, como fiel reflejo de su equipo, falló para sellar el triunfo, a pesar de su inconsistencia.

mfh