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No todo es urgente: ¿Qué hacer cuando el trabajo se vuelve el centro de tu vida?
Poner límites al trabajo es clave para evitar que se convierta en el centro de la vida y afecte el bienestar físico y mental, por ello, el psicólogo Guy Winch explica cómo identificar señales de que el trabajo está consumiendo la vida de las personas para recuperar el equilibrio entre la identidad profesional y la personal.

"Ver el trabajo como el único núcleo de nuestra vida acarrea graves peligros fisiológicos y psicológicos": Guy Winch.
La línea que distingue la vida personal de la profesional puede ser tan delgada que en muchos casos se disuelve y provoca que el trabajo ocupe la mayor parte del tiempo, la atención y la energía de una persona. Darse cuenta de eso y comenzar a poner límites es esencial, de lo contrario, hay un riesgo alto de desarrollar estrés laboral crónico.
En su más reciente libro “No todo es urgente”, el psicólogo y escritor Guy Winch recuerda una anécdota personal que lo hizo darse cuenta de que el trabajo había “secuestrado” su vida sin que se hubiera dado cuenta. “Dormía mal, comía alimentos poco saludables, casi no hacía ejercicio e ignoraba a los amigos y colegas que se acercaban a mí”, menciona.
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La dificultad para desconectarse al terminar la jornada, revisar constantemente mensajes del trabajo o sentir culpa por dedicar tiempo a otras áreas de la vida son algunas señales de que el empleo puede estar desplazando el bienestar personal.
Poner el trabajo al centro aumenta el riesgo de estrés laboral
De acuerdo con el psicólogo, el trabajo ha colonizado la existencia de las personas hasta llegar a un punto en el que las mantiene en un estado de supervivencia en el que el cerebro se mantiene todo el tiempo en alerta. “Ver el trabajo como el único núcleo de nuestra vida acarrea graves peligros fisiológicos y psicológicos”, señala en entrevista con El Economista.
Aunque reconoce que el estrés agudo es normal e incluso benéfico a corto plazo, el problema surge cuando se vuelve crónico y se prolonga por meses, consumiendo la mente y, paulatinamente, el cuerpo. “El estrés crónico nos mantiene en un estado constante de lucha o huida durante todo el día y la noche sin darnos tregua”.
Al respecto, comparte que los seres humanos evolucionaron para realizar actividades de corta duración, como cazar o enfrentar guerras tribales; sin embargo, cuando se trata del empleo, esa configuración cambió y el lugar de trabajo se convirtió en un campo de combate moderno donde la batalla nunca termina.
“Si no le damos un respiro a nuestra mente y cuerpo para recuperarnos del estrés de la jornada laboral, especialmente durante las noches, las consecuencias son severas. Nos enfermamos, nos agotamos y rendimos mal tanto en el trabajo como en el hogar”, explica.
Además, en el libro alerta que cualquiera puede ser susceptible a volver al trabajo su centro de atención, incluso quienes están en el empleo de sus sueños, porque no se marcan límites. “Estar entusiasmado, motivado y apasionado por tu trabajo puede exponerte a los mismos problemas, sin importar tu profesión, industria, ubicación geográfica o cultura”.
El trabajo no es la vida, pero sí un medio para sustentarla
En entrevista, Guy Winch subraya que, cuando una persona hace del trabajo su centro, paulatinamente desarrollará un agotamiento por estrés que se convertirá en burnout. “Se vuelve inevitable cuando olvidamos que el trabajo debe ser un medio para sustentar nuestra vida, y no la vida misma”, destaca.
Por ello, resalta la importancia de dejar de medir el valor propio únicamente a partir del desempeño profesional y comenzar a identificar las señales de alerta con una pregunta: “si hoy se eliminara el trabajo de tu vida, si no hubiera trabajo, si ya no hubiera profesión, ¿qué te quedaría; sería suficiente?”.
Dice que, cuando una persona se enfrenta a esa interrogante, quienes encuentran en la respuesta una sensación de vacío entonces están ante una señal de que han convertido al trabajo en el centro de su vida pues, aunque la identidad profesional sí depende del trabajo, es solo una parte de la composición humana.
“La identidad profesional es muy importante, pero es solo una mitad de nuestra composición; la otra mitad es la identidad personal. Cuando el trabajo ocupa un lugar demasiado central, las otras facetas de nuestra identidad se atrofian y es donde descubrimos que hemos perdido el equilibrio”, detalla.
Advierte que la hiperconectividad es en gran medida responsable, aunque la difuminación de los límites no solo ocurrió en los jefes, sino también en las personas trabajadoras, por lo que la clave es volver a marcarlos.
¿Cómo poner límites en el trabajo?
El doctor en psicología clínica enfatiza en que no basta con estar físicamente fuera de la oficina porque cuando una persona sigue pensando en el trabajo mientras está fuera de él, por ejemplo, en su casa, “sigue trabajando. La mente sigue enganchada en las tareas pendientes y la jornada laboral realmente no ha terminado”.
Establecer límites requiere una decisión consciente e individual. Según Winch, es la persona trabajadora quien tiene que comenzar a respetar la hora fija en la que termina su jornada. “Deja de responder correos electrónicos. Salvo contadas excepciones y profesiones, casi ninguna circunstancia exige responder mensajes a las 9:00 p. m., 10:00 p. m. o a medianoche”, indica.
Reconoce que es común que los jefes, de manera inconsciente, se hayan acostumbrado a que les respondan fuera de horario laboral; no obstante, el escritor afirma que pueden ser “reeducados” mediante una estrategia basada, por ejemplo, en disculpas sumamente exageradas.
“La forma de hacerlo es mostrándote muy arrepentido. ´Lo siento muchísimo. No pude responder anoche, me acosté temprano pero aquí tienes mi respuesta esta mañana, lo siento’. Al repetir esa disculpa y entregar la respuesta a primera hora de la mañana, paulatinamente acostumbramos al jefe a que habrá réplica temprano, pero nunca después de cierta hora”, ejemplifica.
Concluye que recuperar el control de la vida no depende de las circunstancias del mercado laboral, sino de la firmeza e intención con la que las personas deciden nutrir su identidad personal fuera del trabajo y que les permite volver a conectar con su esencia humana.
En su libro “No todo es urgente”, Guy Winch comparte técnicas y consejos para que las personas aprendan a dejar de preocuparse por el trabajo después de su jornada, a lidiar con el estrés laboral y evitar que las actividades laborales afecten la vida personal.



