Para Antonio Sánchez, baterista mexicano reconocido internacionalmente, Whiplash, nominada a cinco Óscares, es muy exagerada.

He platicado con muchos músicos y bateristas de jazz y les parece un retrato del jazz y de lo que hacemos demasiado aparatoso, demasiado exagerado y ficticio; digo, me da gusto que hagan películas de este tipo, pero me da tristeza que tantas cosas estén mal , dijo.

Andrew Neyman (Miles Teller) es un joven baterista que espera la oportunidad de estudiar bajo la dirección del excéntrico Terence Fletcher (J.K. Simmons, nominado al Óscar), maestro y director del mejor grupo de jazz de la escuela, pero conocido por su soberbia y exigencia, al llevar al límite a sus alumnos.

Realmente la historia tiene muy poco de realismo; si en estos tiempos hay un profesor que haga esas cosas lo correrían en dos segundos , agregó el músico, quien participa en la banda sonora de Birdman (tocando jazz).

Y es que el personaje interpretado por J.K. Simmons es un obsesivo maestro por la excelencia; grita, patalea, humilla y aplasta a cada a uno de sus alumnos que sangran en cada ensayo, porque si tienen talento resistirán, de lo contrario, abandonarán todo , dice furioso.

Cosas como cuando al joven baterista le sangran los dedos de tanto practicar es totalmente ficticio. Por desgracia, cuando la gente la vea va a decir ‘wow, que locos estos bateristas’ y no es así , pero creo que es como cuando yo veo una película de abogados o de Wall Street, algún tipo que trabaja en eso dirá que es absurdo , asegura.

Ante el hecho de que dos películas (Birdman y Whiplash) tengan al jazz y la batería como parte de su historia, Sánchez opina que es muy bueno, aunque creo que va tardar mucho para que vuelva a suceder .

Whiplash, un thriller?a ritmo de jazz

Como espectador, Whiplash es una maravilla, una sinfonía perfecta con un drama cercano al terror sobre la búsqueda del triunfo artístico, de ser el mejor a toda costa. Es como el deportista buscando una medalla y los sacrificios que tiene que hacer.

Pero el joven baterista no busca la fama o dinero; quiere el reconocimiento de su maestro, quien se encuentra obsesionado por los genios que toquen con pasión y odia a los mediocres.

Por eso, en cada momento le repite la historia de Charlie Parker, cuando una noche desafinó en el escenario y el baterista le lanzó un platillo; lloró toda la noche, pero al otro día sorprendió con su música.

Las secuencias de jazz, los ensayos y cada que el baterista toma las baquetas explota un thriller soberbio que explora el lado oscuro del ser humano: uno buscando ser el mejor y el otro dominado por el ego y la soberbia.

Toño Sánchez puede tener razón en lo exagerado de la historia; pero como espectador, uno acaba odiando y amando a Simmons, mientras nos compadecemos del baterista.

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