Una serie de sucesos han puesto como nunca antes a la ciencia mexicana y a sus autoridades en las primeras planas de los periódicos y portales de noticias. Desafortunadamente, no ha sido para informar sobre un impulso extraordinario en el financiamiento a Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI) o por lograr ese tan esperado triángulo virtuoso (instituciones educativas y de investigación, gobierno y empresas).

La más reciente reacción ante el desempeño de la directora María Elena Álvarez-Buylla es una solicitud en change.org promovida por Felipe Ontiveros Domínguez, en la que se exige su destitución al frente del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), debido a “su intolerancia, mala gestión y favoritismo injustificado, contratación de personal no calificado, despidos injustificados y cancelación de programas del Conacyt”.

Al cierre de la edición llevaba más de 1,700 firmas de apoyo.

Rosario de roces

El primer desencuentro fue incluso antes de que la doctora Álvarez-Buylla Roces tomara posesión como directora del Conacyt, cuando en septiembre del 2018 solicitó al entonces titular de la institución,Enrique Cabrero Mendoza, la cancelación de aquellas convocatorias que “comprometían recursos del presupuesto de egresos del 2019”, y solicitaba una investigación interna, cosa que fue negada por oficio.

Posteriormente, ya con la doctora Álvarez-Buylla en la dirección se anunció que se impulsaría una estrategia de centralizar las decisiones para evitar la corrupción, lo que dejó en incertidumbre a diversos institutos de investigación e incluso a los centros Conacyt en los estados, los cuales tuvieron que recortar personal, suspender investigaciones, y hasta trajo renuncias inesperadas, como la de la doctora Beatriz Xoconostle, investigadora destacada en el desarrollo de biotecnología, que estaba al frente del Centro de Investigación Científica de Yucatán.

Programas y becas

Otro tema fue la desaparición del Programa de Estímulos a la Innovación. Se anunció por parte de las autoridades de Conacyt que se habían destinado recursos públicos a fondo perdido por más de 24,448 millones de pesos a empresas, y no sólo a través de este programa, también a través de becas y diversos fondos, por lo que tendrían incluso que suspender los apoyos a estudiantes de posgrado, en el extranjero y del Sistema Nacional de Investigadores, mientras se realizaba la investigación.

Por lo anterior, investigadores y estudiantes se manifestaron hasta conseguir una reunión con las autoridades, en la que lograron la continuidad temporal de estos proyectos, pero “acompañados de una revisión minuciosa” por parte de Conacyt.

También se decidió la suspensión del Programa de Actividades Científicas, Tecnológicas y de Innovación, lo que obligó a instituciones como la Academia Mexicana de Ciencias a suspender una gran cantidad de actividades, como concursos académicos y las olimpiadas del conocimiento, cosa que generó un nuevo conflicto.

La más reciente controversia fue por las contrataciones del Conacyt, luego de anunciar la eliminación de proyectos por outsourcing. La lupa estuvo sobre los nuevos funcionarios, entre ellos David Alexis Ledesma Feregrino, que tomó el cargo como subdirector de Conacyt con apenas tres semestres cursados en Comunicación y sin trayectoria en el ámbito científico; Edith Arrieta Meza, nombrada subdirectora en la Comisión Intersecretarial de Bioseguridad de los Organismos Genéticamente Modificados, con estudios en Diseño de Modas, y María Chávez García, asignada a la Secretaría Administrativa de uno de los fondos sectoriales del Conacyt dedicado a la sustentabilidad, con apenas la educación secundaria terminada.

La temida iniciativa de ley

Por último, está la reciente propuesta de la senadora Ana Lilia Rivera, quién presentó una iniciativa de Ley de Humanidades, Ciencias y Tecnología, en la cual tuvo participación directa el Conacyt, además de otras disposiciones a la Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados, con lo cual se pretende reemplazar la actual Ley de CTI, y también generó molestia de la comunidad científica y la calificaron como “un retroceso en materia de CTI”.

Mediante distintos pronunciamientos, los científicos sugirieron un análisis y discusión en el que se involucrara a toda la comunidad, lo que logró una respuesta por parte de la presidenta de la Comisión de Ciencia y Tecnología en el Senado, Beatriz Paredes Rangel, quien anunció el pasado viernes 15 de febrero que la iniciativa será discutida en audiencias públicas y foros, ya que “es importante escuchar la opinión especializada en tan importante iniciativa”.

Complot de la mafia de la ciencia

Ante la sucesión de hechos desafortunados en el sector científico y de tecnologías, el propio presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, salió a denunciar una “campaña contra el Conacyt (...) por las mafias en la ciencia, donde también hay machuchones que están molestos con el cambio”. Sin embargo, también hubo un pronunciamiento en contra del influyentismo y se ha advertido pluralidad y diálogo en las decisiones científicas. “La postura inicial es de apertura total y trabajo conjunto”, dijo el vocero presidencial, Jesús Ramírez Cuevas.

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