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Una obra que va más allá del teatro del absurdo
Extraña, caprichosa, pero sobre todo poseída por la sensación de que algo vital está en juego, aunque no sepamos exactamente qué.

Qué obra tan difícil de entender es Él, de E. E. Cummings. El poeta Cummings (o e. e. cummings , según la ortografía que él prefería) decía que no era una obra para ser entendida sino para dejarse entender por ella.
Normalmente ese tipo de lógica enrevesada habría motivado que esta reseñista corriera en la dirección contraria tan rápido como se lo permiten sus piernas. Pero no: Él es de hecho un ejercicio fascinante, nada aburrido. Y eso se debe en gran medida no sólo al texto misterioso, sino a las grandes actuaciones de Daniel Giménez Cacho, Laura Almela y Rodrigo Espinosa. La puesta en escena, en el Teatro el Milagro, es electrizante. Nunca se detiene a pedir permiso al espectador para sorprenderlo; se mete por los poros y esperamos que en algún momento todo cobre sentido.
Ojos muertos de maniquí
La escena está congelada. Un hombre toca la batería haciendo variaciones de jazz. Otro hombre y una mujer están sentados en posiciones plásticas de títeres. Todos llevan sobre los ojos unos botones de plástico que dibujan otros ojos sobrepuestos: son ojos muertos de maniquí.
Él (Giménez Cacho) es un escritor en camino de crear su gran obra. Ella (Almela) es su mujer.
Se mezclan diálogos que quizá forman parte de la obra de él, también pueden ser pensamientos inconscientes de ella. El tercer personaje los observa: tal vez él sí es el inconsciente de ambos personajes.
Sus ojos de maniquí dan la sensación de que no hay nada vivo en los personajes: son la muestra perfecta de una rutina acabada, lenta, en camino de la destrucción.
Ella abraza un pene perfectamente enorme. Él escribe sobre hipopótamos en su obra de teatro y no se detiene ante los pensamientos arbitrarios que brincan aquí y allá.
El asunto primordial de esta obra es saber qué implica ser un artista, qué es el acto creativo. Al momento en que el escritor está creando, un montón de otras cosas están sucediendo: su vida interna, su imaginario y sus relaciones personales. Unos espejos en un extremo del escenario nos recuerdan que la vida imita al arte y viceversa. ¿Qué es más real, la imitación en papel o lo que sucede en esto que llamamos realidad?
Algo vital está en juego
En general, la pieza se siente como un performance, algo que podría estar en una galería avant-garde. Ese tipo de piezas suelen sentirse como sinsentidos de lo más arbitrario, que pueden verse y olvidarse de inmediato: son trabajo sin importancia.
¿Qué es diferente en Él? Es una obra que va más allá del teatro del más puro absurdo. En ella nos invade la sensación, el vértigo, de que algo primordial está sucediendo. Algo vital está en juego y nosotros queremos ser parte de esa apuesta.
El lenguaje debe darse una vuelta por la lavandería de la locura , dice uno de los personajes hacia el final de la obra. Ella, la mujer de él, nos recuerda que el público no es más que un grupo de niños jugando a que lo que la ficción que aparece en el escenario es real.
No diría que Él es una obra para todo mundo. Es difícil, es caprichosa. Pero la recompensa vale la pena. Es recomendable familiarizarse con la poesía de Cummings antes de ver la pieza. En la oscuridad, nos dejamos llevar por las palabras de Cummings. Dejémonos llevar por esa cadencia.
Teatro el Milagro.
Milán 24, Juárez
?Jueves y viernes, 8:30 pm?
Sábados y domingos, 7 y 9 pm
?Entrada: $200