Osorio es un iluminado con suerte, un farsante se escucha mi voz grabada en un USB.

¿Osorio Chong? responde Gustavo al otro lado de la línea telefónica.

No, güey, el colombiano...

¿El de la coca?

No, ya no uso respondo distraído.

¿Desde cuándo?

Unos meses después de haber dejado de fumar.

¿Te abandonas a una vida sin vicios?

Casi. Pero te juro que me está costando más trabajo dejar la coca que el tabaco.

Obvio.

Ni tanto.

¿Por?

Ya iba en dos cajetillas al día.

¿Y en cuántos gramos?

¿Gramos? Mililitros. Me estaba tomando al menos una o dos latas por la tarde y, si salía el ron, fácil una de esas botellas de dos litros. Y me parece que eso es como una tonelada de azúcar.

¿Hablas de la Coca-Cola?

No, de la Selección de México, del demente que dirige al TRI, qué, ¿acaso no viste el partido contra Nueva Zelanda?

Pues yo no sé por qué te molestan tanto las rotaciones. Yo, al menos, estoy en espera de ser llamado por Osorio y...

No te va a llamar.

¿Por?

Eres argentino.

Pues ése es un punto a mi favor. Tal vez así, con dos o tres argentinos, México pueda llegar al quinto partido, y no con un técnico que tiene la soberbia infinita de creer que su táctica es más importante que la formación de un equipo titular...

Aquí la grabación, que fue dejada en el buzón de mi casa, se corta. Gustavo Marcovich y yo, quienes sospechábamos que desde hace años que nos espiaban telefónicamente, confirmamos tal paranoia.

¿Que quién nos espía?

Sepa, pero podría ser el gobierno federal o estatal él vive en el Estado de México y de ahí son los de Atlacomulco, esa mafia que no soporta la fuerza de nuestras ideas en la opinión pública; o alguna de nuestras esposas, quienes nos quieren seguir disfrutando luego de más de 30 años de matrimonio; o el marido de alguna amante, o alguna amante, o algún enemigo del mundo de las letras, del futbol llanero o de la docencia el Marcovich es maestro rural onda Cipriano, el profesor de Simitrio, aquella película de 1960 cuya dirección estuvo a cargo de Emilio Gómez Muriel , o algún grupo animalista dado mi pasado taurino.

¿Y para qué nos hicieron saber que éramos escuchados?

Para intimidarnos, para que cuidemos, como ya lo hace Enrique, lo que decimos por teléfono; para saber qué hablan dos escritores de medio pelo, cincuentones, gordos, bebedores fuertes, tabacómano uno, adicto a los antidepresivos el otro, desencantados ambos; para conocer sus secretos, pues información es poder...

En fin, si quieren saber lo que hablamos se lo voy a decir: nos parece absolutamente frívolo, primero, mantener a Osorio como DT de la Selección Nacional, y segundo, pegarle a la mafia institucional o no y luego asombrarse de un espionaje telefónico que podría hacer cualquier millennials.