El 20 de febrero ha sido proclamado como el Día Mundial de la Justicia Social por parte de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU); en este acto lo que se busca es promover el desarrollo y la dignidad humana, por lo que esta celebración va encaminada a la reflexión en aspectos como erradicar la pobreza, la igualdad entre los sexos, el acceso al bienestar y la justicia social para todos, promover el empleo pleno y el trabajo decente.

Estos últimos dos aspectos son elementos clave para lograr una globalización justa y la reducción de la pobreza, por ello se han convertido en objetivos universales.

En nuestro país, según datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), hasta el 2016 había 54.2 millones de personas económicamente activas, de las cuales 96 de cada 100 están ocupadas; de ellas, quienes trabajan más de 48 horas por semana son 28 de cada 100, y 2.1% gana menos de un salario mínimo; además, la tasa de desocupación es de 4%, y dos de cada 100 tienen más de un año buscando trabajo.

Sobre la concepción de un trabajo decente, debe entenderse un concepto integrador que implica que todas las personas tengan oportunidades para realizar una actividad productiva que aporte un ingreso justo, seguridad en el lugar de trabajo y protección social para las familias; que ofrezca mejores perspectivas de desarrollo personal y favorezca la integración social.

En México, 47.5% de las personas desocupadas tiene de 25 a 44 años; 35%, de 15 a 24 años; 16.3%, de 45 a 64 años y 1.1%, 65 y más años. El 89% de las personas desocupadas tiene experiencia laboral y 11% carece de esta característica. El 52.3% de las personas desocupadas con experiencia laboral están desempleadas porque perdieron su trabajo o se terminó, 39.6% renunció o dejó el empleo, 3.8% dejó o cerró un negocio propio y de 4.3% las causas de pérdida del empleo fueron clasificadas en otras .

Una de las características del mercado de trabajo en México en los últimos tiempos ha sido la elevada proporción de personas ocupadas en el sector informal de la economía; éste es otro reto, pues la formalización laboral es parte de las metas que se busca alcanzar para la justicia social.

Para el 2016 la tasa de informalidad laboral fue 57.4%; es decir, casi seis de cada 10 ocupados están en una situación donde son laboralmente vulnerables. Esa situación está mayormente presente en las mujeres ocupadas, con una tasa de informalidad laboral de 58.2%, por 56.8% para los hombres ocupados.

Sobre la duración de la jornada laboral, el máximo legal establecido es de ocho horas diarias si la jornada es diurna; siete horas si es nocturna, y siete horas y 30 minutos si es una jornada mixta. El máximo legal semanal es de 48 horas, 42 horas o 45, respectivamente, para cada tipo de jornada. Datos de la ENOE aseguran que 28.4% de la población ocupada trabaja más de 48 horas a la semana; 45.1%, de 35 a 48 horas a la semana; 16.8%, de 15 a 34, y 6.3% menos de 15 horas a la semana.

Sin embargo, laborar más horas a la semana no se traduce en una mayor remuneración para la población trabajadora, pues 2.1% de las personas ocupadas trabajan más de 48 horas y ganan menos de un salario mínimo, mientras que 1.2% trabaja más de 48 horas a la semana y no recibe ingresos por su trabajo.

Respecto a los ingresos de la población ocupada, muestra que la mayor proporción de ocupados (26.2%) percibe más de uno y hasta dos salarios mínimos (SM); uno de cada cinco ocupados (21%) recibe más de dos y hasta tres SM; 15.1% percibe hasta un salario mínimo, 7% de los ocupados lo está sin percibir ingresos y solo 6.1% percibe más de cinco SM. Del total de ocupados, 11.9% no especificó su salario.

Por otro lado, en México el acceso a los servicios de atención a la salud está determinado por la participación en el mercado laboral en el sector formal; así, 32.5 millones de los ocupados (62.5%) no tiene acceso a instituciones de salud como parte de una prestación laboral. Únicamente 19.2 millones (37%) de los ocupados es derechohabiente de alguna institución de salud; de ellos, 81.5% está asegurado ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), 16.5% al ISSSTE y 0.7% es derechohabiente como prestación laboral.

Sobre otras prestaciones, el aguinaldo fue recibido por 39.9% de los ocupados de 15 y más años en el 2016, vacaciones con goce de sueldo 35.2% y reparto de utilidades, prestación que sólo tiene 12.5% del total de ocupados de 15 y más años.

Por último, sobre el balance vida-trabajo, la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2014 explica que la población mexicana destina el mayor promedio de horas a la semana a actividades de uso de medios masivos de comunicación (ver televisión, revisar su correo electrónico y escuchar la radio). Para estas actividades, los hombres destinan 10.7 horas y las mujeres 8.8 horas en promedio a la semana. En actividades como la convivencia familiar, social y participación ciudadana los varones dedican 5.1 horas, mientras que las mujeres destinan 6.5 horas. La asistencia a lugares de entretenimiento y otras actividades se ubican en penúltimo lugar; ellos dedican 2.3 horas y ellas 2.5 horas. Entre las actividades a las que se dedica menos tiempo se encuentran: la participación en juegos, aficiones, pasatiempos, práctica de deportes y ejercicio físico; las mujeres le dedican 1.5 horas y los hombres 2.3 horas en promedio a la semana. (Con información del Inegi)

nelly.toche@eleconomista.mx