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México ante la quinta evaluación del GAFI

Soraya Pérez | Entre números
El sistema financiero mexicano atraviesa uno de los momentos más desafiantes de las últimas décadas. A los riesgos tradicionales de lavado de dinero y financiamiento al terrorismo se han sumado presiones regulatorias, tensiones geopolíticas y retos operativos que están redefiniendo la forma en que los países y las instituciones financieras gestionan el riesgo. En este contexto, el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), organismo que establece los estándares globales para combatir delitos como el lavado del dinero, el financiamiento al terrorismo y otras amenazas a la integridad financiera, ha iniciado la Quinta Ronda de Evaluaciones en México, un proceso que representa tanto una prueba de solidez institucional como un punto de inflexión que, de no atenderse adecuadamente, podría derivar en la inclusión del país en la lista gris.
El foco de estas evaluaciones ha evolucionado y hoy está puesto en la efectividad. Es decir, no basta con tener leyes adecuadas, regulaciones o manuales bien diseñados: sino qué tan efectivas son en la práctica. Esto implica revisar investigaciones, sanciones, la capacidad real del estado de enfrentar amenazas de esta naturaleza y la colaboración institucional para generar alianzas efectivas público-privadas.
En este escenario, el papel de la Unidad de Inteligencia Financiera y su titular Omar Reyes es determinante. A pesar de llevar pocos meses al frente de la UIF, su conducción será clave para fortalecer el análisis financiero, mejorar la coordinación interinstitucional y consolidar una relación más efectiva con el sector financiero. El resultado de esta evaluación dependerá, en buena medida, de la claridad estratégica y la consistencia con la que UIF demuestre que se implementan los estándares internacionales y su evidente efectividad.
A nivel global, resulta especialmente relevante que el GAFI esté presidido por una mexicana de amplio reconocimiento internacional, Elisa de Anda Madrazo. Su liderazgo ha contribuido a fortalecer una agenda técnica, rigurosa y orientada a resultados. En febrero se llevará a cabo la plenaria de cambio de dirigencia, y por eso quiero aprovechar la oportunidad para reconocer y felicitar su trabajo, así como el papel que ha jugado en posicionar a México como un referente en materia de estándares antilavado.
El nuevo enfoque del GAFI implica desafíos importantes, pero también abre una ventana de oportunidad. Demostrar efectividad no significa frenar la innovación ni limitar el crecimiento; por el contrario, implica consolidar sistemas de cumplimiento que sean herramientas reales de protección, que generen confianza y que fortalezcan la inclusión financiera sobre bases sólidas de legalidad y transparencia.
Desde UNIFIMEX, hemos asumido una postura clara: acompañar a nuestras instituciones afiliadas en el fortalecimiento de sus capacidades técnicas y de gestión de riesgos, y al mismo tiempo impulsar una cultura entre las instituciones financieras de capital mayormente mexicano y comprometidas plenamente con nuestro país, donde la integridad sea vista como un activo estratégico. La transparencia ya no es una opción reputacional; es una condición para competir y crecer.
La evaluación del GAFI no debe verse como un examen punitivo, sino como una oportunidad para demostrar que México cuenta con un sistema financiero más maduro, responsable y comprometido con los más altos estándares internacionales. Si se asume con seriedad y visión de largo plazo, esta evaluación puede convertirse en un catalizador para fortalecer la confianza, mejorar la supervisión y consolidar un sistema financiero que, además de cumplir, genere impacto social y desarrollo económico.

