El 14 de septiembre se estrenó la temporada número 20 de South Park. Así es, han pasado 20 años desde que conocimos por primera vez a los cuatro niños (Stan, Kyle, Eric y Kenny) que protagonizan esta serie de dibujos animados cuya temática se centra en una crítica constante hacia todo lo que constituye, de forma directa o indirecta, la cultura estadounidense. En pocas palabras, South Park es un ataque mordaz y falto de cualquier tipo de corrección política contra lo que se conoce como el American Way of Life.

Debo confesar que desde que concluyó la temporada 19 de esta serie había estado esperando ver la forma en la que Trey Parker y Matt Stone, sus creadores, abordarían los más recientes acontecimientos ocurridos en nuestro vecino del norte. Esperaba, sobre todo, conocer la manera en la que presentarían al personaje que ha absorbido buena parte de la atención de la mayoría de los medios de comunicación en todo el mundo: Donald Trump. Pensaba que gracias a South Park, al fin podría conocer al verdadero Trump.

Para la nueva entrega de la serie, Parker y Stone realizaron un collage con lo más relevante de la opinión pública en EU durante el último año. A lo largo de este primer capítulo se hace alusión a la protesta de algunos jugadores de la NFL en apoyo al movimiento Black Lives Matter, a la capacidad de J.J. Abrams para hacer remakes de cualquier cosa y a la elección presidencial en ese país.

Sin embargo, y a pesar de que esta primera entrega satisfizo la necesidad que tenía por conocer al verdadero Donald Trump un sujeto demasiado boquiflojo cuyas promesas no es capaz de cumplir y cuya versión en el mundo real es mucho más hilarante , resulta evidente que el objetivo de los creadores de la serie durante esta temporada es mostrar la obsesión que las personas tienen con la nostalgia y el recuerdo de los buenos viejos tiempos .

Una obsesión que se ve representada como una droga. Las member berries son pequeñas frutillas que sirven como relajante a causa de su capacidad para recordar a personajes de la cultura popular, como Chewbacca y el Hombre Biónico. Poco a poco, las pequeñas frutas comienzan a recordar cómo el país era mejor cuando no había tantos mexicanos, o cuando el matrimonio era sólo entre un hombre y una mujer, o cuando no existía ISIS o cuando Ronald Reagan ocupó la presidencia..., lo que sugiere que la nostalgia también manipula, como las mismas campañas electorales.

Ahora que South Park se ha reducido a sólo 10 episodios por temporada, la verdad es que ha perdido la espontaneidad con la que encaraba los problemas más complejos de la realidad estadounidense de la manera más irreverente y paródica que pudiéramos imaginar. Son demasiados los asuntos que se tratan en cada episodio y cuesta trabajo establecer una coherencia narrativa entre todos ellos. Tal vez ésta sea precisamente la intención de los creadores de la serie, quienes han declarado que llevan más de 18 años esperando que la cancelen.

rodrigo.riquelme@eleconomista.mx