El jueves 3 de diciembre dormimos con la triste noticia de la muerte de Scott Weiland. En su currículum está ser parte de Stone Temple Pilots, Velvet Revolver, su proyecto como solista y su última banda: The Wildabouts.

Hace un año lo comencé a seguir en Facebook para ver en qué andaba.

Debo confesar que Stone Temple Pilots me cayó después de la fiebre grunge, pues todo mundo los tiraba de copiones. De hecho, en 1994 la Rolling Stone los calificó como la peor banda del año y los fans votaron por ellos como la mejor banda.

Pearl Jam era la banda que todos querían copiar; pero siento que STP no tenía mucho que ver. Hay un punto más comercial en la música, otro ataque de riff y diferentes ideologías en letras.

Todo mundo los criticó cuando pusieron a la venta su disco cuatro, acusándolos de subirse al nu metal. Fred Durst, vocalista de Limp Bizquit, lo invitó a cantar en algunos tracks cuando grabó el multiplatino Significant Other y de ahí pudieron influenciarse un poco, pero nada que ver.

Scott nunca fue muy atinado para elegir a sus amistades. De hecho, sus compañeros de banda tomaban las mismas drogas, después se rehabilitaron y él se quedó colgado. Cuando fue expulsado de STP durante la gira del disco Shangri - La Dee Da llevaron a un coach para ayudarlos; su logro fue que no se fueran a los golpes.

Weiland tenía el perfil perfecto de una persona adicta. Cuando Duff McKagan lo invitó a unirse a Velvet Revolver lo hizo bajo la condición de no meterse más drogas. Aún recuerdo una entrevista en la que decían que sólo tomaban leche en el camerino de la banda.

Scott para ese momento estaba haciendo ejercicio y kick boxing. Una persona adicta lo seguirá siendo, ahora con el ejercicio. Cuando recayó en las drogas se convirtió en un arma muy peligrosa. A ver ¿quién le iba a cobrar la cuenta de la borrachera? ¿Sería mala copa?

Obviamente lo expulsaron de Velvet Revolver. Según él, cuenta en su libro Not Dead & Not For Sale, los miembros de la banda le dijeron que si pensaba entrar a rehabilitación debía pagarles por las fechas que iban a cancelar. Él se fue muy molesto y comenzó a hacer declaraciones contra Slash.

Regresó a STP e hicieron su disco homónimo, en el que creo que por fin logra sacarse la espinita de hacer música glam refresh, onda David Bowie, de quien era fanático. En algunas entrevistas hablaba de la adicción del Duque Blanco con gran pasión. Siempre me dio la impresión de querer buscar comparativos en otros artistas cuando él ya era una estrella.

La gira de STP comenzó y los miembros tuvieron problemas con las drogas de Scott. La historia acabó con golpes y abogados. Obvio Scott fue expulsado de la banda y reemplazado por Chester Bennington, que aunque tiene muy buena voz, no logró conectar las canciones y renunció al grupo.

Scott unió una banda llamada The Wildabouts, con quienes tuvo que levantar sus cenizas y comenzar de nuevo. Cuando veía en Facebook, había conciertos en pequeños lugares y en ocasiones lo veía perdido y cantando mal Vasoline o Big Empty . ¡Caray! Este hombre era un genio. Uno de sus momentos memorables fue con Velvet Revolver en el Live 8 ante millones de personas.

Scott Weiland fue un gran artista, con demonios gigantescos y sombras que no lo dejaron despegar; pero eso no detuvo su virtud como frontman.

Su ex mujer, Mary Forsberg, escribió una carta que me impactó. Aún no sé qué pensar.

Ella dice que Scott no fue un buen padre, sus hijos estaban esperanzados de que cambiara sus hábitos y les diera más atención. También dice que él la llamaba?frustrado por no poder alejarse de la gente que lo dañaba. En la carta nos pide a los fans no comprar memorabilia y casi no tener sentimientos para Scott. Pide que el dinero y los sentimientos hacia él los depositemos en nuestros hijos. Yo no tengo, ¿puedo gastar entonces?

Hay partes en las que estoy de acuerdo; pero la mayoría de nosotros somos hijos de matrimonios que no funcionaron; con padres ausentes, que no tenían el mínimo rasgo artístico. El único legado que dejarán somos nosotros. Esto puede ser lo que nos una como generación, ya que la música no ha logrado hacerlo como cuando nos azotó el grunge. En ese entonces nos veíamos a los ojos y sabíamos que éramos parte del mismo monstruo.