Es imposible ver a Ruselle Crowe como Robin Hood y no pensar en su actuación en "Gladiador" y es éste, el peor enemigo del famoso ladrón y la película filmada por el director Tony Scott que hoy se estrena en los cines.

Sin embargo -y a pesar de las fastidiosas comparaciones- Robin Hood sale adelante gracias al oficio de su director y el guión que reinventa a uno de los personajes más recurrentes en el cine, al abordarlo de una manera distinta a como lo hemos visto durante tantos años y con versiones tan malas como la filmada como Kevin Costner.

Para éste proyecto de 150 millones de dólares, Scott deja de lado las peleas del famoso arquero con el sheriff de Nottingham por el amor de Lady Marian llevando al espectador a otro tiempo que convierten a la película en una especia de precuela de una franquicia altamente rentable para Hollywood.

Robin, renace en esta nueva versión, Robin Longstride es un arquero al servicio del Rey Ricardo Corazón de León, quien tras luchar en las cruzadas regresa a su antiguo pueblo para entregar una espada al padre de un amigo muerto.

Pero Hood se encuentra con la responsabilidad de luchar, no por los pobres, sino por su país que se encuentra al borde de una guerra civil y en un completo caos por la ambición de su nuevo Rey.

Así, el valiente arquero y sus amigos (el fraile y el pequeño Juan) enfrentarán una serie de traiciones al reino y la amenaza de una invasión francesa, de ahí, que haya sido tan divertido que Cannes abriera con una película donde los francés salen muy mal parados.

Este nuevo Robin Hood deja de ser un ladronzuelo de mallitas verdes que vive un cuento de hadas para convertiste en un líder real en medio del caos y la desesperación de los ingleses para luchar por la libertad.

El elenco es interesante, principalmente por Cate Blanchet (Lady Marion) y William Hurt quienes nos entregan altas dosis de dramatismo, humor y acción aunque Robin tire pocas flechas y prefiera un martillo para destrozar cabezas.

Ridley Scott nos presenta a un personaje más complejo y menos espectacular que otros "robines" pero no le alcanza para llegar a los niveles de "Maximus", atormentado y extremadamente violento que lo ha perdido todo en "Glaldiador" y que se convierte en una sombra omnipresente de Crowe durante las 2 horas 20 minutos de cinta.

A pesar de no ser una gran película que dudo le de un Oscar, resalta la escena final, la batalla en la zona de Normandia donde las flechas y espadas salen a relucir pero que de inmediato recuerdan otra escena realizada por Steve Spielber en "Rescatando al soldado Ryan" pero con otras armas pero se va a sorprender del parecido.

Impecablemente filmada, actuaciones respetables, una banda sonora interesante y una recreación correcta de la época hacen de Robin Hood una película buena, sin llegar a ser extraordinaria, donde su mayor mérito es presentar a un "nuevo' Robin Hood, más real y menos romántico.

vgutierrez@eleconomista.com.mx

Dato

150 millones de dólares costó la película 30 versiones o más se han hecho de Robin Hood