Hay preguntas, aparentemente, ociosas. Si Juan José Bremer no hubiera dejado el INBA en tiempos de José López Portillo, ¿de todos modos Miguel de la Madrid lo habría designado Subsecretario de Cultura de la SEP? Se dio el nombramiento pero esa suerte de reivindicación no pasó de 1984, cuando eligió ser Diputado federal. ¿Por qué se apartó de un camino que, estimo, lo llevaba a ser el personaje idóneo para que el entonces candidato Carlos Salinas le confiara crear el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes o la Secretaría de Cultura que, es sabido, estuvo en los planes?

Cosas de la historia que vale repasar en proceso de sucesión presidencial. La muerte de Jesús Reyes Heroles llevó a la SEP a Miguel González Avelar, quien puso al entrañable Martín Reyes Vayssade en lugar de Leonel Durán Solís en la Subsecretaría de Cultura. En ese año, 1986, me incorporo al Programa Cultural de las Fronteras (PFC), a invitación de Alejandro Ordorica. Años antes, siendo aún estudiante, varios personajes circundaban mis aprendizajes en el periodismo y la gestión cultural. Don Víctor Sandoval y Saúl Juárez en Bellas Artes, los escritores Marco Antonio Campos y Fernando Curiel en la UNAM, el crítico Evodio Escalante y el editor Bernardo Ruiz en la UAM.

En la Casa del Marqués del Apartado estaba el despacho del Subsecretario de Cultura. Una bella oficina que imponía por su majestuosidad. Los del PCF éramos vecinos. En ese 1988, al salir de trabajar, varias veces me tocó presenciar las concentraciones del Frente Democrático Nacional; ver a Cuauhtémoc Cárdenas que, siendo Gobernador de Michoacán, gracias a los empeños de su compadre, el novelista Rafael Ramírez Heredia, en numerosas ocasiones fue anfitrión de encuentros literarios, de expertos en políticas culturales y medios de comunicación.

Más allá de contar con todo el aparato de Estado, aún valido mi impresión de que la campaña salinista fue bien organizada. Y, en lo que concernió a cultura, ni dudarlo. Unos pocos saben cómo se urdió el equipo que encabezaría Víctor Flores Olea; otros más saben cómo se sumaron a esa causa diversos intelectuales y artistas. Lo que tengo claro es que nosotros, quienes trabajábamos con Ordorica, acaso asistimos a alguno de los foros de consulta (me tocó en Oaxaca, con el tema de bibliotecas). Y aún creo que se cayó el sistema.

Manuel Bartlett fue designado Secretario de Educación Pública. Los rumores de la creación del Conaculta sólo esperaban dejar de serlo. Flores Olea ya atendía en la calle de Cracovia 90, la que fuera casa de campaña. En ese amanecer decembrino llegó a presentarse aún como subsecretario al despacho que le correspondía por ordenamiento. Tras la aparición del decreto y de la ceremonia en Palacio Nacional al lado de Octavio Paz, fueron designados como secretarios técnicos Andrés Valencia y Jorge Ruiz Dueñas. Rafael Tovar asumió una nueva área: la Coordinación para la Modernización del Marco Jurídico, que pronto cambió a Asuntos Jurídicos. Poco tiempo después, pasó a ser titular de Asuntos Internacionales.

Al iniciar 1989, Flores Olea había casi completado la nómina de colaboradores. Ordorica fue ratificado. Héctor Vasconcelos, director del FIC, con López Portillo en el Fonca; Víctor Sandoval, en el INBA; Roberto García Moll, en el INAH; Guillermo Bonfil, en Culturas Populares; Ana María Magaloni siguió al frente de bibliotecas. Un cambio se gestaba, muchas dudas eran resueltas con especulaciones: ¿Por qué un decreto y no una ley? ¿Por qué un Consejo y no una Secretaría?

LO QUE VALE LO QUE SIGNIFICA. El sexenio cultural de Vázquez Mota debe rondar los 500,000 millones de pesos.