Dicen que la primera nota sobre un asesinato se dio a conocer a través de la Biblia. Fue cuando Caín mató a su hermano Abel. Pero que el primer asesinato documentado en la historia ocurrió en los Alpes en 3, 300 ac, cuando un sujeto conocido como Otzi, el hombre de hielo, murió de un flechazo en la espalda mientras huía.

Y de ahí, incontables asesinatos durante la historia de la humanidad, no sólo en el contexto de una guerra, sino de sujetos cuyos actos son capaces de dejarnos helados debido a que no encontramos explicación alguna que nos ayude a entender su conducta. Y lo peor aún, muchas veces, ellos parecen disfrutarlo sin remordimiento alguno.

Así pues, el periodista y escritor español José Manuel Frías, realizó un compendió de lo que él consideró son los psicokillers más importantes y aterradores, dentro de los cuales se encuentra el narcotraficante mexicano Joaquín Guzmán Loera mejor conocido como El Chapo.

El libro Galería de asesinos sin alma. La estirpe de Caín (edit. Arcopress) es un entretenido y aterrador ejemplar que contiene la historia de 30 terribles asesinos de diversas partes del mundo. Si bien el morbo es uno de los motores principales de nuestro interés por esta lectura, no significa que el estilo de Frías sea cercana al de un periódico como La prensa, aunque por otro lado, el contenido de este ejemplar se puede catalogar dentro del género de nota roja o policiaca, pero con un estilo pulcro y alejado del amarillismo.

El hilo que une a todos estos criminales no es del todo claro, y es que Frías se va hasta el siglo XVII y de ahí hasta nuestros días , es decir, en 300 años sólo eligió a 30 criminales en su mayoría estadounidenses (probablemente para llegar a una audiencia mayor). Lo cual parece un poco escueto. Pero esto no quiere decir que estos relatos no valgan la pena y funcionen como una lectora escalofriante para leer bajo la luz de una vela.

Si bien los relatos giran en torno a los crímenes que estos seres humanos cometieron, el arranque de las historias es la condena a la que fueron sometidos debido a sus transgresiones.

No hay un intento de explicación psicológica por parte del autor, que vaya más allá de los hechos ocurridos, con respecto a las acciones de los criminales; Frías sí alcanza a lanzar algunas preguntas que nos llevan a la reflexión, y ciñéndose a los hechos, nos brinda un panorama sobre la complejidad del ser humano, donde los límites de la enfermedad y la cordura, la maldad y la justicia, se diluyen. Y por supuesto que nos preguntamos si esto tiene que ver con la eterna batalla del bien vs el mal.

La única certeza que tenemos al final del texto, es que el análisis y la investigación sobre este tipo de acciones son necesarias para llevarnos al entendimiento de la conducta humana y generar la posibilidad de una mejor sociedad, con mejores seres humanos (sin caer en lo moralino).

¿Qué personajes podemos encontrar? Por ejemplo, a la Arpía inglesa, Catherine Hayes, una mujer condenada a la hoguera en el siglo XVII, por ordenar el asesinato brutal de su marido; al Depredador de Seattle, Ted Bundy, culpable del asesinato de diversas mujeres universitarias; al asesino de John Lennon, David Chapman; al ex capo del cártel de Medellín, Pablo Escobar, o al Tirador de Port Arthur llamado Martyn Bryant, un joven veinteañero que con rifle en mano sesgó la vida de 35 personas en Australia.

Complementan esta galería el prólogo de Juan Rada y la introducción de Carlos Berbell, periodistas españoles especializados en el género policiaco. Y un epílogo de Juan Antonio O’Donell, Inspector Jefe del Cuerpo Nacional de Policía (España), quienes dan contexto existencial a las historias de Frías.