Una tarde de los 40, en el peluquero, el entonces joven pintor Pierre Soulages (Rodez, Francia, 1919), hojeando una revista se enteró que lo que llevaba años haciendo era arte abstracto.

Es decir, uno de lo artistas abstractos más importantes del siglo XX tenía, a diferencia de sus colegas de otras partes del mundo (los norteamericanos especialmente) una intuición puramente estética de lo que estaba haciendo, sin ningún orden ni consigna intelectual.

Tenga esto en mente cuando recorra Pierre Soulages, retrospectiva en el recién remodelado Museo de la Ciudad de México. Lo que está viendo apela más a sus sentidos que a su mente, por eso sus cuadros no tienen títulos salvo descripciones del tipo: "Tablón de 3 m por 8, con pintura al óleo sobre lienzo".

Por supuesto que el espectador tiene gran libertad en cómo y por dónde explorar la obra de todo artista. Pero le doy otra imagen para aproximarse al trabajo de Soulages: según Alfred Pacquement, curador de la exposición, cuando Soulage era niño rayoneaba de negro las hojas de papel. Cuando le preguntaban qué estaba haciendo, respondía: "Estoy pintando de negro la nieve".

La gran obsesión de gran parte de la carrera de Soulages (quien, por cierto, es considerado el artista francés vivo más importante) es la textura evocativa, puramente táctil y visual del color negro.

A principio de la década de los 70 comenzó a explorar lo que él llamó el outrenoir, "el otro negro", el color que está más allá de la oscuridad, de la ausencia de color que representa en negro absoluto. No es que su trabajo sea monocromático (usa ocres, azules, blancos), pero su interés por el negro es evidente en todas las etapas de su trabajo.

La retrospectiva es extensa y prácticamente igual a la que se presentó, con gran éxito, en el Centro Pompidou de París a finales de 2009. La primera parte abarca el trabajo que Soulages hiciera con materiales más cercanos a la tapicería que a la pintura, como la tintura nogalina. La segunda parte sus obras sobre madera y cartón.

No es que Soulages no fuera un pintor académicamente formado (estudió pintura dos veces, la primera vez interrumpida por la Segunda Guerra Mundial) o quisiera romper todas las reglas, pero estaba creativamente asentado en la periferia: no era de París, no era de Nueva York, no recibió la formación de críticos y periodistas como el grupo de Motherwell y Pollock. Es un artista totalmente original en su acercamiento.

Las obras más interesantes son las que pertenecen al outrenoir de los 70 y los 80, donde con pintura negra, muy gruesa, el autor traza surcos sobre tablones enormes, imponentes. Varios trípticos que, con una excelente iluminación, forman ángulos muy sofisticados. Es increíble, pero el trabajo de Soulages logra que las sombras sobre negro se conviertan en protagonistas.

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Museo de la Ciudad de México. Pino Suárez 30, Centro Histórico. Martes a domingo, de 10 de la mañana a 5 de la tarde.