Con sus dos torres, como una catedral miniatura, se yergue en plena Santa María la Ribera el Museo Universitario del Chopo. Su interior es uno de los espacios más irreverentes e iconoclastas de la escena de arte contemporáneo mexicana. Y tiene así una larga historia, una interesante tradición de museo vanguardista, seguramente el primero en su tipo en nuestro país. Visitar el Chopo es como darse una vuelta por la tortuosa historia de la contracultura mexicana.

Hoy en sus espacios se exponen obras que dan cuenta de esa historia. Está la colectiva Medios y ambientes, que reúne a varios creadores contemporáneos de toda Latinoamérica; la surrealista Por mi espíritu hablarán mis trajes, que reúne los estrambóticos atuendos de la cantante Astrid Hadad; la desgarradora Naturaleza muerta de Pablo Szmulewicz, muestra de sus óleos recientes, y por último la histórica Bodas de plata dentro del Festival Internacional de la Diversidad Sexual.

De todas, Bodas de plata es la más emblemática de la historia del Chopo, pues celebra 25 años de la creación de la originalmente llamada Semana de la Cultura Gay (hoy Festival Internacional de la Diversidad Sexual), que tuvo su sede casi desde el principio en este museo. Revisemos brevemente cada una de las exposiciones.

Medios y ambientes: desiertos mares

En la libreta de comentarios para los visitantes, una frase que lo dice todo: El arte contemporáneo es bien raro . Me imagino el desconcierto de quien escribió tal verdad al recorrer Medios y ambientes. No es que la exposición sea especialmente desconcertante, pero, por decirlo de algún modo, sí sigue sus propias reglas. Como dice el texto de sala, la presencia del espectador y el contexto expositivo han desplazado la importancia de la obra como objeto. El visitante no va a observar objetos a Medios y ambientes, sino a recoger experiencias de inmersión total en ambientes artificiales, desiertos mares.

La colectiva recoge el trabajo de siete instaladores de distintas partes de Latinoamérica. Algunas son juguetonas como Love hurts , de la mexicana Irene Clouthier, formado por dados gigantes de esos que se usan para que los niños aprendan las letras. Cámara de tortura , del colectivo cubano Guerra de la Paz, forma una especie de espantapájaros imponente formado por kilos y kilos de ropa: una metáfora de la sobreproducción y sus desperdicios.

La más atractiva es, sin duda, Palacio negro/palacio de cristal de la venezolana Ángela Bonadies. Bonadies documenta la historia del Palacio de Lecumberri, desde su vida como lúgubre cárcel, hasta su renacimiento (higienización histórica) como el Archivo General de la Nación. La fotos que Bonadies recoge muestran la terrible vida de los reos de Lecumberri.

Naturaleza muerta: realidad, no nos alcances

Tres estantes las recogen, como si fueran frutas, faisanes, botellas de vino o cualquiera de los elementos comunes de las naturalezas muertas. Pero no son frutas, ni faisanes, ni botellas: son cabezas humanas, todas acompañadas de sus notas de morgue.

Naturaleza muerta se llama el cuadro y con él se abre la breve exposición del mismo título del pintor mexicano Pablo Szmulewicz.

Se trata de una revisión de la violencia. Les descabezados son sólo una de las postales de nuestra realidad mexicana actual y Szmulewicz no hace sino ponerlas en la mesa, como quien enseña desde ya su juego de cartas. Hay, quizá, en las pinturas de Naturaleza muerta una intención de denuncia. La realidad ha alcanzado al arte. ¿El arte alcanzará a la realidad?

Los otros cuatro óleos que completan el recorrido son retratos de una realidad violenta de crimen y desesperación: cadáveres amontonados en patios, víctimas amordazadas vigiladas por perros. Cartas desde nuestro horror cotidiano.

Los trajes de Hadad: ay qué miedo

Soy piedra, soy volcán, soy monumento nacional se oye desde las pantallas que repiten circuitos interminables de presentaciones de la cantante mexicana Astrid Hadad, libanesa de origen, yucateca de nacimiento y multimexicana de hondas raíces prehispánico-satíricas por elección. Performancera, cantante regional e investigadora musical, Hadad es un show en sí misma. Su presencia imponente da cus-cus: ¡Ay nanita, ahí viene el Coco cantando La tequilera !.

Por mis trajes hablará mi espíritu recorre la historia de uno de los componentes esenciales de los actos de ilusionismo colectivo: sus trajes. Todos diseñados desde la mente mágica de Hadad, acompañada de varios diseñadores y artistas.

Están presentes varias de las indumentarias más exóticas (se queda corto el adjetivo) de Hadad como la China Poblana leather, la Coatlicue toda de negro y la famosa Multimamada, vestido de varios pisos llenos de tetas que al final remata con un Ángel de la Independencia obeso y una multitud celebrando los pobres triunfos de la Selección .

Bodas de plata: 25 años de identidad militante

Los 80 fue una década cruel con el movimiento homosexual. Surgía la pandemia del SIDA. No es sólo que la comunidad gay estuviera de luto: la ignorancia y el miedo alimentaban como nunca la discriminación en una sociedad que pensaba que la enfermedad era un castigo divino a los lilos .

En ese ambiente, José María Covarrubias creó la Semana Cultural Gay, que después se convertiría en la Semana Cultural Lésbico-gay.

Uno de los acontecimientos que ayudaron a abrir el clóset enorme de la sociedad mexicana, la Semana fue desde sus inicios un lugar para la expresión artística con una importante sección de plástica en la que, de acuerdo con el texto de sala, los mismo participaban Francisco Toledo y Vicente Rojo que espontáneos que se aventaban al ruedo.

Bodas de plata recorre la historia de la Semana (hoy convertida en Festival Internacional de la Diversidad Sexual) y ofrece obras que son testimonio del descubrimiento sexual, del erotismo clandestino (y el que no lo es) y la apertura del clóset.

Bodas de plata es, además de una selección de obras, un recorrido por todas las incidencias que dieron forma a la Semana.

  • Cuatro exposiciones
  • Museo Universitario del Chopo
  • Dirección: Dr. Enrique González Martínez 10, Santa María la Ribera.
  • Abierto: Martes a domingo, de 10 am a 7 pm.
  • Entrada: 30 pesos.