Eric Hobsbawm, el intelectual británico más importante de finales del siglo XX según múltiples voces, historiador de formación marxista, falleció en la madrugada de este lunes en el Royal Free Hospital de Hampstead, Inglaterra, a los 95 años de edad. Entre otras cosas, sus libros componen uno de los más grandes tesoros para la comprensión del siglo XX.

Querido y respetado por propios y extraños, Hobsbawm fue un gran lector de los últimos dos siglos, pero también un visionario.

Hobsbawm vivió durante casi un siglo de vida, se fascinó en su juventud por el pasado, en su edad madura lo conmovió un presente en el que constató las más atroces barbaries cometidas por los hombres de razón y de mercado, y en su vejez el desengaño lo acompañó hasta el final de sus días, como un hombre que había visto ya demasiadas cosas, un hombre ya sin velos para atender los sucesos de la realidad, pero que mantenía un afán romantizante, ese que permite a los hombres de formación humanística seguir creyendo en el hombre, a pesar de todo.

Hobsbawm escribió una veintena de libros entre los cuales son fundamentales la tetralogía La era de… que se compone por los títulos La era de la revolución: Europa 1789-1848 (1962), La era del capitalismo: 1848-1875 (1975), La era del Imperio: 1875-1914 (1987) y el clásico Historia del siglo XX (1994), en donde traza una vista panorámica del siglo que él denomina siglo XX corto, pues comenzó tarde, con la Primera Guerra Mundial, y terminó temprano, con la Caída del Muro de Berlín.

En ese texto, Hobsbawm culmina con una certeza que suena a pregunta y que en ese orden podría ser la gran pregunta del presente. La sentencia dicha como certeza dice más o menos así:

En este punto, las personas y las sociedades no sabemos hacia dónde vamos ni hacia dónde deberíamos hacerlo .

Sin embargo, como todo idealista, mantenía la confianza en las ideas y en la memoria, esa que comienza con la valoración de la historia personal que, siempre, es el gran relato: Cada historiador tiene su nido, desde el que observa el mundo , escribió. El mío está construido, entre otros materiales, de una niñez en la Viena de los años 20, los años del ascenso de Hitler en Berlín, que definieron mis ideas políticas y mi interés por la historia, y de Inglaterra, especialmente del Cambridge de los años 30, que confirmaron los materiales de los dos primeros .

DESDE EL NIDO

El joven Eric vivía en Viena cuando su padre murió de forma repentina en 1929 de un infarto y su madre dos años después debido a la tuberculosis. Después se mudó junto con su hermana Nancy a Berlín, con cuyo tío emigraron a Londres en 1933.

Se matriculó en Cambridge, donde se alineó en el partido e ideología comunista tal y como otros historiadores que fueron sus compañeros: Christopher Hill, Rodney Hilton o John Saville.

Al contrario de otros intelectuales de la época, que eran algo mayores que él como Gyorgy Lukacs, el joven Hobsbawm no calló cuando el comunismo mostró sus costuras en su implementación efectiva, por ejemplo con los crímenes de Stalin o la invasión a Hungría por el ejército ruso.

Un idealista que no se ganaría una medalla por pensar durante décadas de la misma manera. Por eso es un intelectual fundamental, porque se atrevió a pensar contra sí mismo, porque se atrevió a romper sus propias estructuras mentales.

La suya fue una vida muy activa en el terreno físico y en el terreno de las ideas, una vida que no solo deja un pensamiento que permanecerá en las aulas universitarias de todo Occidente, sino un legado de claridad y precisión, y, además, un último regalo, la promesa de un nuevo libro que se publicará en 2013.

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