Tercera parte

Morelos se convirtió en otro hombre después de su entrevista con Miguel Hidalgo el 20 de octubre de 1810. Regresó a la parroquia de Carácuaro y dijo a sus feligreses que el gobernador del obispado, Mariano Landa y Escandón, le había concedido permiso de ausencia. Después, por si hubiera alguna molestia, citó el libro Itinerario para pueblos para párrocos de indios, escrito por los jesuitas donde decía: Los clérigos pueden tomar las armas lícitamente cuando hay alguna grave necesidad en utilidad grande de la República . Morelos dijo que partía hacia una lucha urgente. Que pelearía por la libertad y necesitaba de todo aquel que quisiera seguirlo. Reunió 25 hombres armados con lanzas y escopetas. Con ellos partió para Zacatula. La primera campaña de Morelos había comenzado.

El camino por Tierra Caliente fue largo. Morelos y sus hombres atravesaron la ribera del río Balsas, bordearon la provincia de Michoacán y llegaron a Zihuatanejo. En Petatlán, la parada siguiente, ya contaba con 2,000 soldados. Confiado se aventuró a tomar Tecpan, un pequeño pueblo de la Costa Grande de Guerrero, donde tuvo el primer enfrentamiento con el enemigo. Los insurgentes ganaron. El ejército realista huyó y emprendió la retirada. Fue así como Tecpan, además de la victoria, habría de significar para Morelos la seriedad de su compromiso con la lucha. Allí Hermenegildo Galeana, que habría de ser su mano derecha, se unió a la causa independiente. Puso también a las órdenes del Generalísimo un famoso cañón llamado el Niño, primera pieza de artillería del Ejército del Sur.

La primera campaña de Morelos habría de terminar en 1811. A José María con un sentido de la disciplina inigualable y una convicción indestructible hacia la causa del movimiento, los viajes y maniobras militares le permitieron alcanzar más logros que fracasos. Pudo organizar y constituir un cuerpo de tropas entrenado y bien armado, con el que intentó la ocupación de Acapulco. Pero también supo que debía retirarse. Se replegó hacia Chilpancingo y logró tomar algunas ciudades aledañas como Tixtla y Chilapa, pero no se dejó vencer por el desánimo. Se le unieron los Galeana, los hermanos Miguel y Víctor Bravo y el muy valiente Vicente Guerrero, un joven aguerrido, oriundo de Tixtla que lo acompañaría en las siguientes campañas. Guerrero, más allá de haberse convertido en un héroe nacional, ayudaría a Morelos contra la furia del realista general Calleja y se convertiría en imprescindible. No sólo para conseguir la plaza de Acapulco y romper el Sitio de Cuautla sino para que, muchos años después, se firmara la independencia y nuestro país dejara de ser la Nueva España.

Al término de su primera campaña, Morelos recibió una invitación formal de Ignacio Rayón para participar en una votación que determinara quiénes formarían parte de la Suprema Junta Nacional Gubernativa. En un principio, el propósito era reunir a los insurgentes que habían quedado dispersos después del fusilamiento de Hidalgo en julio de 1911. Después, el de crear un organismo que coordinara a todas las fuerzas independentistas. Morelos no acudió de inmediato. Mandó en su representación a Sixto Verdusco, antiguo compañero de sacerdocio, para que votara en su nombre. La junta se instaló el 21 de agosto con Ignacio Rayón como presidente y José María Liceaga y Sixto Verdusco como vocales. Morelos, al enterarse, se mostró conforme y siguió avanzando con sus hombres.

Temeroso de que Morelos y su ejército llegaran a tomar la capital de la Nueva España, el virrey Venegas dio órdenes precisas al general Calleja para actuar de inmediato. El ejército insurgente estaba en Cuautla y ya contaba con 3,000 hombres, Calleja y su numerosa tropa, confiados y con grandes recursos, fueron rechazados, no sólo una sino tres veces. Morelos, con una estrategia militar nunca antes vista, causaba pánico y asombro. Diez días después de su última derrota, Calleja decidió sitiar la ciudad y lo hizo el 5 de marzo de 1812. El ejército realista cortó todas las comunicaciones con el exterior, el agua y a los portadores de víveres, pero los insurgentes parecían indestructibles y los días seguían pasando. Fue el 1 de mayo cuando Calleja, desesperado, dijo a los sitiados de la existencia de un bando de indulto al cual podían acogerse. Y les dio cuatro horas para rendirse. Morelos no aceptó. En la madrugada del 2 de mayo de 1812 el Generalísimo y sus lugartenientes, Hermenegildo Galeana y Mariano Matamoros, escaparon. Y la fama del heroísmo del caudillo independentista cruzó los mares. Napoleón Bonaparte, al tener noticia de tales hechos, dijo una famosa frase: que si él contara con cuatro generales como Morelos podría conquistar al mundo.

El Sitio de Cuautla, uno de los episodios más importantes de la Independencia de México, también es muy notable para la historia militar del mundo y crucial dentro de la biografía de José María Morelos y Pavón. Sin importar la ideología, todas las opiniones concuerdan. Lucas Alamán, conservador, nada favorable a la insurgencia, escribió sobre Morelos lo siguiente: Su reputación había crecido con los últimos sucesos, y aunque en el resultado del sitio de Cuautla, el triunfo quedase por parte de los realistas, la fama y la gloria fue sin duda para Morelos .

Carlos María de Bustamante, simpatizante de la Independencia, consignó su opinión de manera más clásica y dijo: Tal es, amigo mío, el célebre sitio de la villa de Cuautla, digno de escribirse por la pluma de Xenofonte, donde campeó el valor, la astucia, la sabiduría, la prudencia y el sufrimiento de los Morelos, Galeanas y Bravos. ¡Honor eterno y famosa nombradía a tan ilustres caudillos! .

Lorenzo de Zavala, también hizo un elogio de Morelos cuando escribió: La fama del héroe se llevó entonces hasta las estrellas: un entusiasmo general ocupaba los espíritus de los criollos. En México mismo se cantaban los elogios del campeón nacional, y su nombre era ya una señal de triunfo para los mexicanos .

Morelos sabía que después de la tempestad viene la calma, pero se enteró también de las amarguras que siguen a cada triunfo. Durante la retirada de Cuautla, José María cayó de una mula, se rompió varias costillas y quedó enfermo muchos días. En el lecho del dolor se enteró que Calleja había hecho una entrada triunfal en Cuautla, presumido y presumiendo uniformes, banderolas y soldados. Y que a pesar de haber sido vencido, actuaba como vencedor. La Gazeta Extraordinaria del Gobierno de México comunicaba entusiasmada la captura y el sitio de Cuautla; sin embargo, algunos supieron de una carta enviada por el virrey Venegas a Calleja en la que, hablando de Morelos, escribía: Démosle gracias a ese buen clérigo de que nos ha ahorrado la vergüenza de levantar el sitio . Calleja reaccionó con furia asesina. Colérico, organizó brutal represión contra los pobladores de Cuautla. Destruyó casas, incautó bienes y ordenó fusilamientos sumarios. A nadie se le olvidó burlarse de que un sitio de 72 días había dejado a los sitiadores con las manos vacías. Y cada cual hubo de ocuparse de su júbilo o vergüenza.

Cuentan las crónicas que por las calles solía escucharse una jácara contra Calleja que decía: Se está representando aquí la comedia en la que un truhán entra muy ufano al teatro con un turbante y dice: ‘Aquí está el turbante del moro que cautivé’. ‘¿Y el moro?’, le preguntaban... ‘¡Ah!, ése se fue’ .