Entiendo que los altísimos gobernantes lean poco. Pero imagino que tienen lectores que les transmiten lo vital de las fuentes que dicta la encomienda. En el caso de Miguel Mancera, me temo, desconoce los entretelones del Libro verde, una suerte de tratado para abordar la cultura y el rol del gobierno capitalino.

Obra que desnuda el quehacer de Marcelo Ebrard y que fue elaborado por notables expertos: Eduardo Nivón, Rafael Meza, Carmen Pérez, Andrés López, Néstor García Canclini y Lourdes Arizpe, bajo el patrocinio del propio GDF.

También es cierto que algunos nos fijamos en ciertas formalidades del ejercicio del poder que se le confiere a los gobernantes y colaboradores. Claridad de pensamiento, sinceridad, rendición de cuentas, oficio ante los conflictos, temple innovador, son algunas de ellas. En poco más de 60 días, Miguel Mancera ha dejado en claro que por lo que concierne a cultura, ni lectura ni formalismos. En el colmo, es presa del temor y víctima del clientelismo político.

Para nadie es un secreto que desde su campaña, el soltero de oro (revista Quién, diciembre del 2012) actuó de manera desarticulada frente a la comunidad cultural y ante los partidos que le impulsaron. Feroz ha sido la disputa por apropiarse de la Secretaría de Cultura. Este grupo (ver En el paredón del 12 de agosto) orilló al Jefe de Gobierno a designar a quien supone tendría la fortaleza de enfrentar a tirios y troyanos. Irresponsablemente, creyó que Lucía García Noriega aplacaría los ánimos de los varios suspirantes al puestazo y mejor aún, actuaría con celeridad para integrar un proyecto de trabajo una vez leídas, por lo menos, las 445 páginas del Libro verde.

Tan mala decisión, de la cual García Noriega no es del todo culpable, deja ya una cauda de desatinos que causan estupor. Por un lado, a Mancera no le convence y por lo tanto, su Secretaria anda a tientas. Luego, el fuego amigo desde las diferentes posiciones del gabinete que se vinculan con lo cultural, pues hay que cerrar la pinza. Después, una Comisión de Cultura de la Asamblea Legislativa, con el activísimo diputado priísta Fernando Mercado al frente, que cumple agendas en las que la García Noriega debería figurar. Para colmo, al interior de la secretaría no hay manera de acabar con el desorden legado.

Desbordada, quien fuera por un tiempo diplomática, trina por igual ante propios que ajenos. En la frontera de la privacidad, hasta circulan rumores sobre su salud.

¿Y el soltero de oro? Alguien tendrá que decirle que debe sustituir a García Noriega. No es lo que ella merece, ya que quizá no meditó a fondo el ring que le esperaba, como no pudo ver el peón en que fue convertida para dar cara al conjunto que sueña con el despacho. Tampoco lo merecemos nosotros, hayamos o no votado por Mancera. ¿Qué salida hay?

En el Libro verde, Néstor García Canclini dice: (…) una palabra que ha dejado de escucharse para comprender nuestra relación con el futuro es la de planificar. El desuso de este verbo implica que ha cambiado nuestra capacidad para actuar, sobre todo, de hacer política .

Este documento le dice a Mancera ¡lo que no resolvió Ebrard!, ni las distintas autoridades que tienen que ver con la Secretaría de Cultura, las delegaciones y el sector. Citemos algunas: Escaso presupuesto, falta de continuidad en las políticas públicas, falta de orientación artístico-cultural en innumerables acciones de los organismos de cultura, alta interferencia de factores extra institucionales y de factores políticos que presionan para orientar el gasto ¡hacia intereses de grupo!, falta de reconocimiento de la autonomía de metas del sector cultural y su frecuente uso en función de la agenda de gobernabilidad que si bien puede ser legítima, en muchas ocasiones es ajena a la cultura, la falta de modelos innovadores y recursos normativos insuficientes .

¿Y el soltero de oro? ¿Y la Secretaria? ¿Y los que fueron responsables? ¿Y los contradictores? ¡Con Chayanne y Marc Anthony! Ya, pues, Mancera, deles la cartera, no le queda de otra y a muchos del sector tampoco.