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México, de primer mundo en arte
A Soldier in Every Son y Narimbo, magníficos ejemplos de etiqueta nacional que destacan por su calidad en el inicio de la edición número 40 del Festival Internacional Cervantino.

En el fin de semana de inicio del 40 Festival internacional Cervantino, los representantes mexicanos fueron fuertes competidores para calificar como lo más interesante del gran encuentro artístico.
En especial con A Soldier in Every Son y con el grupo Narimbo, que si bien se desarrollan en campos muy distintos comparten una peculiar mezcla de lo tradicional con lo contemporáneo de la mejor manera posible.
MÚSICA LOCAL
Hace algunos años, Jorge Toledo escribió en estas páginas que a la comida mexicana le hacían falta algunos elementos y procedimientos para pasar de, digamos, delicias de fonda a ser verdadera alta cocina.
En los últimos tiempos han surgido chefs que están elevando el nivel de sofisticación de la comida mexicana.
Lo mismo se podía decir y ha sucedido con la música tradicional mexicana, y el grupo Narimbo (que se presentó el sábado en la Ex Hacienda San Gabriel) es un magnífico ejemplo de cómo la música folclórica mexicana puede alcanzar insospechados niveles de calidad búsqueda y hallazgos.
El grupo chiapaneco Narimbo, que toma su nombre del árbol con el que se hacen las marimbas en Chiapas, combina músicos de alta escuela con tradicionales, hasta sumar una multitud de nueve integrantes y retoma canciones populares a las que arreglan en estilo jazzístico.
Con tres músicos en l marimba tradicional, uno en la de concierto, un vibráfono, pianista, bajista, baterista y percusionista, Narimbo tiene búsquedas armónicas, rítmicas y tímbricas, riqueza de matices, solos y acompañamientos repletos de buen gusto y virtuosismo.
Y así temas como los zapateados La tortuga del arenal , El pili , como La Zandunga , como el bolero Un poco más de Álvaro Carrillo o como la jalisciense La Madrugada, que usualmente escuchamos con mariachis, adquieren dimensiones y vuelos insospechados y magníficos.
TEATRO GLOBAL
Es muy probable que, A Soldier in Every Son, la obra de Luis Mario Moncada, que se presentó de jueves a sábado en el Teatro Principal en coproducción entre la Royal Shakespeare Company y la Compañía Nacional de Teatro, fuera del agrado tanto del propio Shakespeare como del rey poeta Nezahualcóyotl, aunque no necesariamente lo es de todos los mexicanos que han asistido.
A Soldier in Every Son es un drama prehispánico, de cuando lo que hoy es el valle de México era un enorme lago en el que diversos grupos peleaban por la supremacía y por ver quiénes le daban tributa a quiénes.
Moncada plantea que estas luchas por el poder se llevaban a cabo de manera shakespeareana, es decir, donde las pasiones (altas y bajas, pero sobre todo bajas) de unos cuantos determinan el destino de multitudes.
Las intrigas, los deseos, los vicios y virtudes de los personajes, magníficamente puestos sobre la escena (sobre todo por los magníficos actores ingleses, que son mayoría en el elenco, pero muy bien acompañados por algunos mexicanos), salen a relucir en el desarrollo de una trama compleja pero bien armada, de manera que las tres horas que dura nos dejan emocionados en lugar de cansados.
Vale la pena dar voz a un par de quejas. La primera es que la obra está totalmente hablada en inglés y los subtítulos no están bien sincronizados, dejando partes en blanco y otras que, por entrar a destiempo, hacen que el sentido se pierda (al menos en la función que vio este comentarista). Esta queja, desde luego perderá validez una vez que el elenco inglés regrese a casa y el montaje quede en las voces de los mexicanos (cosa que sucederá próximamente).
La otra queja, acompañada de una solicitud, sería que con todo lo conveniente, íntimo y atractivo que puede ser la puesta en escena de teatro dentro del teatro (el público ocupa gradas puestas arriba del escenario, por lo que buena parte del aforo no se utiliza), ésta reduce mucho la cantidad de gente que puede entrar por función, y esta obra merece mucho público. Habría que cambiar el trazo escénico, una lástima, y quizá prescindir de la escenografía lo que tampoco sería tan mala idea pues ciertamente es de lo menos afortunado de esta magnífica puesta en escena.