Es un hecho que después de los escándalos sucedidos en los últimos años, con comentarios antisemitas y violencia familiar, Mel Gibson necesitaba de un dorado garbanzo de a libra para volver al camino del estrellato.

The Beaver (en español tiene el anodino título de Mi otro yo. ¿Por qué no le pusieron simplemente El castor ?) era una apuesta múltiple para su directora, la aclamada actriz Jodie Foster: usar de protagonista a Gibson era a penas la parte menos arriesgada del trato.

La premisa, esas sí que era una locura infilmable. ¿Quién, en su juicio, puede creer la historia de un tipo que decide usar un muppet de castor como alter-ego para todos los asuntos del mundo (sí, trabajo y familia incluida)? Y no, no es una comedia ni una caricatura, sino un drama familiar en serio.

He aquí lo importante: Mel Gibson es un gran actor y Jodie Foster una mujer brillante, cuyo talento despunta en todo lo que hace. The Beaver es una excelente película.

Jerry (Gibson) es un hombre mortalmente deprimido. Su depresión ha llegado al punto en el que está por perder su empresa (una compañía de juguetes), y a su familia, conformada por su esposa Meredith (Foster) y sus hijos Porter (Anton Yelchin) y el pequeño Henry.

Porter odia a su padre tan profundamente que lleva un minucioso catálogo de todas sus semejanzas para obligarse a borrarlas de su personalidad. Meredith, que ya no puede comunicarse en modo alguno con su esposo, hace lo único que parece sensato: lo echa de la casa antes de que destruya a la familia.

A punto de suicidarse en un bote de basura Jerry encuentra a un castor de peluche que se convierte en la voz de su parte sana. Como naufrago a la tabla, Jerry se aferra al castor como acto de supervivencia.

Y el castor resulta ser un gran consejero: vuelve a Jerry un buen padre, un excelente marido y, lo más divertido, un empresario con el empuje que Jerry nunca tuvo.

Un momento, antes de que le dé un coma diabético, debo decirle que la película tiene una jiribilla interesante y muy oscura: ¿no será que cada quién elige sus desgracias? Si cambiamos la perspectiva, ¿cambia nuestra vida? ¿Cambiar nos exime de la responsabilidad de nuestros errores?

Inverosímil como suena, The Beaver es una historia entrañable. Ese es el gran logro de la dirección de Jodie Foster, lograr transitar con gracia el camino entre la farsa y el exceso sentimental para conseguir una historia que, si bien es predecible, nos llega al corazón.

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